Burladero | La nueva Carrera Oficial (parte II)

Estimado, amable y fiel lector, no puede negar que su Legatus tiene dotes clarividentes.

Si quedaba alguna duda sobre el tema de conversación post-Semana Santa, hemos despejado la incógnita durante los siete días de la pasión según esta preciosa, seductora, enigmática y en muchas ocasiones incomprensible Sevilla.

La Carrera Oficial se ha convertido, una vez más, en el centro de la polémica cofradiera. Y motivos no faltan, ya que la indignación colectiva por la imagen ofrecida en la capital andaluza es mayúscula.

Vallas cerrando el paso a hermandades, monolitos que impedían la visión en la Avenida de la Constitución o la Plaza Virgen de los Reyes, retrasos históricos en jornadas claves como el Domingo de Ramos, la Madrugá o el Sábado Santo, cortejos de más de 4000 nazarenos…

Algunos medios aseguraban que la Semana Santa se rompía por su propio éxito y otros que le saltaban las costuras, pero es posible que se queden cortos. Lo que ha ocurrido este año, y no nos engañemos, también los precedentes, es el resultado de una absoluta desorganización, falta de seriedad y la dejadez.

Todos los cofrades de Sevilla saben que la limitación de nazarenos en todas las hermandades es una NECESIDAD. Sí sí, ha leído bien, todas las hermandades. No simplemente la Macarena, Triana, El Gran Poder o San Gonzalo. Todas. Tengan más o menos cortejo. Hay que realizar un reglamento urgente para poner un tope a los nazarenos. 1000 nazarenos. Teniendo en cuenta que hay hermandades con menos hermanos, lo veo más que suficiente. Multiplicado por 70 cofradías, serían 70.000 si todas llevaran 1000 personas a la catedral para hacer Estación de Penitencia. No está nada mal. Y ya son nazarenos, repito.

El Sábado Santo no podía evitar admirarme cuando veía en 5 minutos a la Hermandad del Sol, desde la Cruz de Guía al palio, en el Prado de San Sebastián. Y lo digo con toda sinceridad, ¡qué alivio más grande sentí! Hacía mucho que no veía una hermandad con tanta tranquilidad y desahogo.

Respecto a las vallas que tanto reincide el alcalde que no le gustan, han dibujado un paisaje deprimente en algunos puntos de la ciudad metropolitana que en lugar de mejorar la seguridad, mejorando poco o nada de lo anterior, da pie a bullas y embotellamientos de zonas que históricamente han tenido un paso fluido. En resumen, Policía Nacional o competente, llévense ustedes las vallas al Congreso de los Diputados o al Monte Gurugú, que allí estarán preciosas.

Y por otro lado, cómo no, qué se puede decir del repetidamente criticado itinerario oficial de nuestras cofradías. Instituciones y capillitas conocen perfectamente las limitaciones, peligros y defectos de movilidad y seguridad que presenta el recorrido entre Campana y Avenida de la Constitución, y ya ha llegado el momento de sentarse y modificarlo, sin dilaciones ni excusas de pacotilla. Es una prioridad sobre todo lo demás. Así que invitamos al Presidente del Consejo a dejar de acompañar a la Reina Emérita en su periplo por las iglesias de la capital (su Majestad aún se sobra y se basta sin ayuda de nadie, Gracias a Dios), y ponerse a buscar soluciones de provecho para este asunto crucial.

Definitivamente hay trabajo por delante. Posiblemente no se solucione nada, y el año que viene por estas fechas surjan las mismas reivindicaciones. Pero al menos Gente de Paz ha cumplido su cometido, y ha sido el altavoz de las demandas más urgentes y necesarias de la Semana Santa de Sevilla.

Quien quiera recoger el guante, tendrá en su mano la varita mágica para solucionar parte del problema. No es fácil, pero tampoco hay alternativas. Es tiempo de arremangarse y actuar.

¡Ahí queo!