Burladero | No seré Papa

Estimado, amable y fiel lector. Qué suerte hemos tenido de reencontrarnos este uno de mayo, cuando el calendario funde como los metales en el horno de leña a los dos pilares indiscutibles de la Sagrada Familia: San José, en su dignidad de obrero por su oficio de carpintero; y a la Santísima Virgen María, a la cual se rinde especial pleitesía en estos treinta y un días que hoy comienzan.

En este marco precioso, con la venia de la Madre de Dios y de su esposo el patriarca, Legatus tiñe de nostalgia estas líneas para recordar al último cardenal de Sevilla, Monseñor Carlos Amigo Vallejo, en las jornadas posteriores al cuarto aniversario de su partida.

El fraile franciscano más internacional, posiblemente más papable y deliciosamente carismático aterrizó en la capital andaluza en 1982, tras dejar huérfana la Diócesis de Tánger, donde fue prelado 9 años.

Llegó con el complejo reto de relevar al Cardenal Bueno Monreal, uno de los obispos más queridos del siglo XX; y con los preparativos de una coronación pontificia en la ciudad, la de Nuestra Señora de la Esperanza de Triana en 1984.

La imposición de la presea a la emperatriz de la calle Pureza sería el espaldarazo para entrar en una cerrada y siempre impredecible sociedad cofrade sevillana, con la que conectó a través de su prosa sencilla, cariñosa y cercana, y un estilo alejado de formalismos e impostura.

Don Carlos era coqueto, con un porte de galán y una sonrisa que enamoró, no me cabe duda, a más de una feligresa.

Sus dotes de seductor y sus homilías directas y al mismo tiempo elocuentes le abrieron las puertas a amistades tan dispares como el Rey Don Juan Carlos, la Duquesa de Alba, el Mudo de Triana, el periodista Antonio Burgos o el mismísimo Papa Francisco, al que conoció siendo miembro de la Comisión Pontificia de América Latina.

El prelado, original de Medina de Rioseco (Valladolid), formó parte de grandes momentos grabados en la historia de Sevilla como las visitas de Su Santidad Juan Pablo II en 1982 (para la Beatificación de Santa Ángela de la Cruz) y en 1993, o la boda de la Infanta Doña Elena en la catedral hispalense en 1995.

Precisamente utilizaba su don de gentes para potenciar proyectos caritativos y sociales como el Centro de Estimulación Precoz Cristo del Buen Fin, el Centro de Apoyo Infantil Esperanza de Triana o la Hospitalidad de Lourdes, instituciones que hoy están consolidadas y continúan realizando una labor encomiable.

Amigo Vallejo se jubilaba en 2009, finalizando su ministerio en la ciudad del Guadalquivir tras 27 años en esta bendita tierra, pero su corazón siempre estuvo ligado a ella. Tal era su conexión que incluso en una entrevista al periodista Paco Robles, Don Carlos revelaba que leía los titulares de los periódicos locales cada mañana, y le resultaban muy allegados a sus recuerdos y su pensamiento, aún viviendo en otra ciudad. Y cuando le preguntaban qué era lo que más recordaba de la capital andaluza, la respuesta era contundente: su gente.

Y como gran figura que era dentro y fuera de la iglesia, fue una de las sonadas opciones como Sucesor de Pedro en la Santa Sede en los cónclaves de 2005 y 2013, en los cuales fueron elegidos papas Joseph Ratzinger (Benedicto XVI) y Jorge Mario Bergoglio (Francisco).

En el segundo de ellos, poco antes de iniciar el enclaustramiento en la Capilla Sixtina, dijo sin titubeos: “No seré Papa. He hablado con el Espíritu Santo, y hemos llegado a este acuerdo”.

Él no quería lucir la estola papal, y el Señor aceptó su deseo. Poco a poco, con el paso de los años y la serenidad y sentido de la medida que le caracterizaron siempre, se fue apagando.

Su luz se difuminó de nuestra retina hace casi un lustro, el 27 de abril de 2022, pero su legado permanece intacto en el alma de miles de sevillanos que lo conocieron, lo saludaron, le agradecieron su servicio y tuvieron la suerte de charlar con él en más de una ocasión.

Por todos ellos, por su mano derecha el hermano Pablo y por el alma de monseñor Amigo va este artículo del niño que escuchaba extasiado a ese hombre con el gorro alto y la vara, y del adulto que recibió la confirmación con el cura más bueno del mundo. No te olvidamos, querido amigo.