Estimado, amable y fiel lector. Aquí tienes a tu Legatus para hablarte de un fenómeno paranormal o demasiado normal, quién sabe, en la vida del sevillano: El olvido.
Sí señor, el sevillano es olvidadizo por naturaleza, quizás por la cantidad de cosas que lleva adelante. Lidiar con la Cabalgata de Reyes, la Cuaresma, la Semana Santa, la Feria de Abril (o mayo, según cuadre mejor en el calendario), las Glorias, el Rocío, el Corpus o las Velás no es fácil, dejando aparte las extraordinarias, que eso es un coto sin vallar.
Pero en ocasiones el grado de despiste del paisano de la capital de Andalucía llega a ser patológico. O no me digan ustedes que no es delito irse tranquilamente a la playa o un destino desconocido sin darse una vuelta por la deslumbrante colección pictórica del Hospital de la Caridad expuesto temporalmente en el Bellas Artes.
Eso es solo un ejemplo, pero pasando pocos años de su muerte empezamos a desterrar de la memoria a figuras tan cruciales para la cultura de Sevilla como las del periodista Nicolás Salas, que habrá sevillanos que incluso no sepan quién es; del eterno cantor de la belleza de esta ciudad y toda la comunidad andaluza, Pascual González; o de artistas tan importantes como Imperio Argentina o Marifé de Triana.
Y así se podría seguir con una larga lista, pero yo quiero incidir en ese poco valor histórico y sentimental que le da esta bendita tierra incluso a sus devociones.
¿Recuerdas, querido lector, cuál fue la primera advocación de la Virgen a la cual se veneró en Sevilla?
Nada más y nada menos que Nuestra Señora del Pilar, Patrona de Zaragoza. Todos sabemos que la Virgen se apareció allí en carne mortal al Apóstol Santiago, del cual celebramos su onomástica cada 25 de julio.
Santiago pasó por Sevilla en su periplo por la Península Ibérica, y sus discípulos propagaron aquí la devoción a la Pilarica.
Es algo que muchos no saben, pero que en una fecha tan simbólica merece ser puesto en valor para, que a partir de ahora, tengamos presente este dato de nuestra historia, y quién sabe si será el comienzo de una tradición que vincule al patrón nacional con la Virgen del Pilar de San Pedro, a través de un culto especial.
Esta propuesta queda en el aire a falta de que la autoridad o institución competente que lleve a término lo más pronto posible.
Y con estas líneas me despido durante unas semanas para descansar y tomar aire con nuevos artículos sobre la actualidad de nuestras hermandades.





