Burladero | Sabor a Gloria

Estimado, amable y fiel lector. El llamador vuelve a sonar. El eco de los tres golpes se proyecta en el templo mientras el paso tiembla ligeramente. Los costaleros se preparan en el interior. El capataz habla a sus hombres: ¡Vamos con la Señora! Que ya vamos a estar en la calle. Oído. Todos por igual, valientes, al cielo con ella. ¡A esta es!

Ese instante se repetirá en solo unos días, amado lector. Y a pesar de esta inmerso en la otra fiesta mayor de la primavera, con aroma de garrapiñada y sabor a manzanilla y pepito de carne mechá, ya empezamos a otear lo que asoma entre los farolillos de Gitanillo de Triana, en la lejanía, más allá de la portada.

Efectivamente, lo ha adivinado. La feria se consume en los corazones disfrutones de la Sevilla arrabalera, para abrazar lenta y delicadamente ese tiempo exquisito al paladar cofrade que llamamos casi en susurro “Las Glorias”. O, como la conocieron las leyendas que peinan canas, Las Glorias de María.

El domingo tres de mayo es la fecha marcada en el calendario. Esa tarde veremos en la calle a San José Obrero, la primera de la imágenes que recorrerá las calles hispalenses desde el Domingo de Resurrección. No es la primera vez que sucede, ya que la cercanía de su festividad, el día uno del mismo mes, deja poco margen a la improvisación.

Esta procesión estrenará unos meses de una belleza excelsa y una variedad incomparable en todos los sentidos. El vasto patrimonio de las corporaciones letíficas se aúna con la singularidad de sus advocaciones, o los coquetos recorridos por barrios muchas veces desconocidos de la capital andaluza.

Será el momento de grandes devociones como Nuestra Señora de la Salud de San Isidoro, Alegría de San Bartolomé o Sagrado Corazón de Nervión.

Se repetirá el sueño de un atardecer junto a la Virgen de las Nieves recorriendo Santa Cruz con la catedral al fondo, y el clasicismo de Nuestra Señora del Santo Rosario en la calle Parras o el Pumarejo.

Llegarán los días de la devoción Pastoreña perfumando Capuchinos, Santa Marina, Triana, Nervión y el Polígono Sur. Y del fervor carmelitano en cada reducto metropolitano y hasta en el Guadalquivir, con las reinas del Carmelo de la capillita del puente y de Calatrava.

El alma se transformará en peregrina de honor junto a las filiales rocieras, para recorrer las arenas con Macarena, Sevilla, Triana, El Cerro o Sevilla Sur, busca por los caminos de la fe el encuentro con la Blanca Paloma.

E incluso acompañaremos al Santísimo en una calurosa mañana de Corpus, y en un domingo luminoso en Triana, la Magdalena o San Isidoro.

Porque Las Glorias son parte capital de la piedad popular sevillana, con símbolos indelebles en la retina de tantos y tantos capillitas, como el cetro, los rosarios de oro, las campanillas o el escapulario. Y, ahora, un año más, llega el tiempo para comprobarlo.