Sevilla

«Calle Oriente, Martes Santo, tarde de sol… Primavera»

«Son las cuatro de la tarde, la Calzada en su gran fiesta y Pilatos a Jesús al mismo barrio lo entrega». Así comienza «El puente te está esperando», una de las sevillanas más importantes que jamás se han escrito y de calle la más conocida de cuantas tiene como núcleo argumental todo aquello que huele a incienso. Una maravillosa composición, excelsa en su sencillez, que traduce a compás ternario todo un conglomerado de sentimientos que resume la esencia misma de ser cofrade, de sentirse nazareno, portador de esa maravillosa tradición cuya esencia se transmite de generación en generación.

Pocos habrán sido los cofrades que no habrán cantado, mentalmente o con la voz a flor de piel, en alguna ocasión de sus vidas, este poema musicado que el gran Pascual González, el juglar de Sevilla, compusiera para que fuese grabado por Cantores de Híspalis en aquel inolvidable trabajo discográfico publicado en 1984 que se convirtió en una auténtica revolución para el mundo de las sevillanas.

Poesía sentimental que, cuarteta a cuarteta, desgranaba muchas de las emociones que todo aquel que haya vestido en alguna ocasión la túnica nazarena o un costal ha experimentado con nitidez. Una sevillana dedicada a la Hermandad de San Benito, la Cofradía de toda la vida de Pascual González, que desde el mismo instante en el que «El puente te está esperando» se convirtió en un himno para todos los cofrades del mundo, se convirtió también un poco en la Cofradía de todos nosotros.

Una canción cuyo mero repaso mental es capaz de erizar el vello de generaciones enteras, conscientes de que son maravillas como está, auténticos pregones emanados del sentimiento más profundo, del pregonero que todos soñamos escuchar y hasta hoy nos fue negado, las que evidencian que, con Maestranza o sin Maestranza, Pascual González es el mejor pregonero que jamás tuvo la Semana Santa de Sevilla.

Hace tan sólo unas horas el genial artista compartía a través de las redes sociales una fotografía muy especial cargada de sentimiento – sea él o se trate de una licencia poética, ¿acaso importa? – y con ella, como siempre ha hecho, hacía partícipe a todo el universo cofrade de una parte de su alma. Y lo hacía como él solo sabe hacerlo, con una sencillez y una singularidad de la que solamente son capaces de hacer brillar quienes están dotados con esa capacidad innata de la que gozan los auténticos genios, los poetas de verdad, los que no precisan de parafernalia ni palabras grandilocuentes para emocionar, y convertir el latido en palabra y la palabra en verso, en verso de verdad, el que no precisa de rimas de diccionario sino de corazón y autenticidad.

Suscríbete

Introduce tu correo electrónico para recibir todas las novedades. 


Powered by WordPress Popup