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Opinión, Racheando

Caminante no hay camino…

Cuando se acercan estas fechas, incluso ya el Domingo de Resurrección, todo se convierte en Rocío y el poema de Antonio Machado vuelve a mi mente una y otra vez.

La Santísima Virgen del Rocío ya pisa el suelo de su ermita, siendo la antesala a, quizás, una de las mayores muestras de devoción y piedad popular que ocurren en nuestro país. A estas alturas, poco hay que añadir para dar a conocer lo que es la Romería del Rocío, aunque, sinceramente, la ignorancia por desgracia sigue quedando patente en los miles de comentarios que se leen año tras año después de cada Rocío.

Miles de kilómetros de caminos, desde Bruselas, Cataluña e incluso desde Argentina, son recorridos con el motor de la fe. Cada camino es único, donde todos en nuestro interior analizamos nuestra vida de una manera exhaustiva, con la única mirada puesta en llegar a las plantas de la Blanca Paloma.

Caminos que se hacen en silencio, cantando, a caballo, con los ojos vendados, de promesa, cada camino se hace al andar, como dicen los versos de Machado, haciéndose único, distinto incluso de un año a otro, por todas las vivencias que cada noche en el Camino de llegan a vivir.

Oraciones hechas sevillanas, o simples murmullos ante cada paso del Simpecado, el Rocío es oración y se demuestra en cada Salve elevada al Cielo.

Comienza a caminar la multitud romera hacia un nuevo Rocío. Buen camino, romeros.

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