A paso mudá, Opinión

Campañas, chiringuitos y ofendiditos

A raíz de mi artículo anterior del lunes 2 de mayo, he estado pensando varios días en lo que escribí, y he seguido analizando una serie de aspectos que no me gustan para nada en la Semana Santa, o más bien dicho, en el mundo que lo rodea. Siempre me he manifestado que las opiniones, cuando son con argumentos de verdad, todas son respetables; cuando son para despreciar, no.

El famoso programa de YouTube, digamos más bien, el chiringuito formado por Josep P. no tiene por qué quitar mérito a lo que dicho canal realiza fuera aparte de la tertulia o no tertulia que se monta. De hecho, la línea del periodismo creo que va por buen camino abriéndose a nuevos medios. No obstante, las campañitas siguen en pie, y de forma muy notoria. Los colores se ven en las opiniones, cosa que no es mala. Lo malo es no aceptar las críticas cuando las cosas no se hacen bien. Para defender lo propio, no es necesario manchar lo de los demás, y mucho menos, cuando lo de los demás puede llegar a ser mejor (si no lo es ya) que lo que hay en casa. De hecho, existe el programa futbolístico de debate, donde sus tertulianos parecen una secta, actuando como adolescentes de 15 años escribiendo por las redes sociales que están ofendidos, pero claro está, utilizando el tono de burla ya que las opiniones de los “expertos” no son discutibles. Ya basta de hipocresía, ya basta de sectarismo y ya basta de querer hundir lo que funciona. 

Sin ir más lejos, a este medio, a esta casa, se la ha criticado por demostrar con hechos la realidad, argumentando todo y teniendo libre opinión para todo, siempre con una cosa clara: para opinar hay que argumentar, y argumentar bien. 

Es gracioso que aquellos que criticaban, hacen eso que criticaban. Mientras, los criticados, seguimos trabajando con una línea clara: hablar con propiedad, trabajar con humildad y tener respeto.