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Carmen Bahima: «He vivido momentos muy especiales con la imagen del Cristo del Mayor Dolor durante el confinamiento»

Aunque comenzó a estudiar Ciencias Químicas no se apagó en ella la pasión que sentía hacia el mundo del arte. Por ello acabó cursando Bellas Artes, especializándose en conservación y restauración. Después de quince años continúa trabajando en este campo, «agradecida de poder formar parte de ese patrimonio y esa parte de la conservación del patrimonio que ha llegado hasta nuestras manos». Un mundo, el de la restauración, que según la propia Carmen está recuperando el prestigio que perdió por diversas circunstancias y que gracias a autoridades y entidades está ocupando el lugar que se merece. «Ahora está volviendo esa preocupación y esa iniciativa para recuperar ese patrimonio que tenemos, que nos han legado y que es obligación nuestra mantener y legar a las generaciones futuras».

Una de las últimas obras que ha intervenido ha sido la del Cristo del Mayor Dolor, de la Hermandad del Dulce Nombre. Una restauración que califica como «interesantísima» y con bastantes peculiaridades, como las circunstancias en las que se ha desarrollado. «Cuando el proceso estaba bastante avanzado, prácticamente a punto de terminar, se decretó el estado de alarma y se paralizaron todos los trabajos. Quedó sin concluir y cuando ya pude empezar, retomé la actividad laboral y se fue concluyendo».

Cristo del Mayor Dolor

Continúa relatando cómo ha sido esta restauración: «Es una intervención integral en todos los sentidos. Se ha abordado desde el punto de vista estructural, se ha arreglado el ensamble de los brazos que presentaba varios problemas de asentamiento, de ahí las grietas que tenía con numerosos repintes, se ha realizado un correcto anclaje a la cruz, que no lo tenía, y sin lugar a dudas el dato más relevante de esta intervención ha sido su limpieza. En un primer lugar lo que es propuso a la hermandad fue una limpieza y una reintegración de las zonas perdidas. Pero cuando empezamos a llevar a cabo la restauración ya teníamos el informe previo y datos que aseguraban la existencia de una policromía anterior. Entonces empezamos a hacer pruebas y efectivamente encontramos esa policromía. Particularmente creo que no es la original, pero sin lugar a dudas es una policromía de una calidad extraordinaria y que se encontraba en un estado bastante bueno teniendo en cuenta que había sido reprolicromada».

Una vez presentada la propuesta a la junta de gobierno esta aceptó la propuesta de rescatar la policromía oculta. El resultado sorprendió a propios y extraños, recuperándose el modelado, que estaba oculto tras una capa de reprolicromía, regueros de sangre y la mirada del crucificado, prácticamente ocultos. E incluso el pie derecho estaba totalmente desgastado por el roce que han provocado los devotos sobre él, no teniendo policromía ni capa de preparación en esta zona. «Ha sido como un resurgir de una imagen de una calidad artística extraordinaria, titular de la hermandad pero que cuenta con una devoción muy callada».

Carmen Bahima se muestra «muy satisfecha por el trabajo realizado. No solamente en lo personal sino en lo profesional. Ha supuesto un reto enorme tanto por el desarrollo en forma como en tiempo» y cree que «la hermandad está bastante satisfecha con el resultado. Era un poco el esperado y el buscado, el recuperar esa visión de la imagen de los años cuarenta».

La relación con la hermandad

María Santísima del Dulce Nombre

La restauradora comenzó a trabajar para la corporación del Martes Santo en 2009-10, cuando estaba el comisionado que dirigía la hermandad. Lo primero que realizó fue una intervención sobre varios ángeles que adornan el canasto del paso de misterio de Jesús ante Anás, trabajo realizado por fases a lo largo de tres años. «Fue una propuesta muy bonita, ambiciosa y además con un horizonte también bonito porque el final era que la hermandad quería ir restaurando poco a poco todo su patrimonio que se encontraba bastante deteriorado y algo abandonado a lo largo de los años». Después llegó el turno de restaurar las imágenes titulares, significando una oportunidad y reto enormes al enfrentarse a la restauración de unos titulares pertenecientes a la Semana Santa de Sevilla, de su ciudad. A Nuestro Padre Jesús ante Anás le siguieron San Juan Evangelista y María Santísima del Dulce Nombre. «Para mí, la hermandad y en concreto su junta de gobierno se han convertido en una familia. Ha surgido una amistad de esta relación profesional con la que me siento muy cómoda y tranquila, porque la hermandad confía en nuestro trabajo y yo les transmito mi agradecimiento en cada acto y algún nuevo trabajo».

«Para mí muchas veces me dicen que soy como el médico porque sigo llevando un seguimiento una vez al año normalmente después de la estación de penitencia para ver si han sufrido algún tipo de contingencia o ha caído algo de cera, se le limpia el polvo y se observan los ensambles. Es un trabajo muy bonito porque se observa además que la restauración no consiste solo en devolver la pieza a su estado y olvidarse de ella hasta dentro de veinte años. También hay que hacer un seguimiento para observar la evolución de esos trabajos realizados, en el caso de que haya habido reintegraciones o añadido una pieza que estaba perdida», puntualiza.

La restauración de las imágenes era más que necesaria, ya que los sagrados titulares se encontraban en un estado bastante malo debido a que «llevaban muchísimos años y habían tenido una última intervención poco afortunada y la verdad es que su restauración era necesaria». En cuanto al resultado reconoce que nunca llueve a gusto de todos y que habrá público que haya estado de acuerdo con el estado final y otro al que le haya costado hacerse al nuevo aspecto de las imágenes. Sin embargo, es necesario que se tome conciencia de que el patrimonio ha de cuidarse. «Es obligación de la junta de gobierno el mantener, cuidar y poder dar en herencia a las generaciones futuras este patrimonio», manifiesta.

Carmen Bahima restaurando el retablo de San Juan Bautista de Montañés

Las otras restauraciones

Carmen Bahima confiesa que en los últimos tiempos ha llevado a cabo algunas restauraciones que han sido muy importantes en lo profesional y en lo personal. Para ella ha sido todo un reto el haber restaurado el retablo de San Juan Bautista del convento de San Leandro. «Ha sido un trabajo de una envergadura grandísima. Ha supuesto un esfuerzo personal grande y una apuesta importante, pero tengo la satisfacción de poder decir que hemos conseguido un resultado muy bueno en unas obras que estaban absolutamente olvidadas y deterioradas. Gracias a la exposición de Montañés se ha rescatado y se ha puesto en valor esta obra para el convento, los sevillanos, la Iglesia y el mundo del arte».

Cuando se estaba desmontando el retablo para traerlo a las dependencias del taller se descubrió la firma del autor y del policromador. «Ha sido una cosa única para mí, nunca me había ocurrido» relata. Aunque el retablo estaba documentado no existía el documento físico aparte del encargo y algunas cartas de pago que atestiguaran que era obra de Martínez Montañés. «Fue un momento indescriptible, una cosa muy especial que no olvidaré nunca», destaca.

Carmen Bahima restaurando la imagen de la Virgen María del retablo de Martínez Montañés

El patrimonio conventual es de una riqueza incuestionable. Para Carmen, «Sevilla es una ciudad maravillosa, increíble en todos los sentidos. Artísticamente a muchísimas ciudades no solo españolas sino del mundo les gustaría contar con el patrimonio que se encuentra aquí, no solo en las iglesias sino también en conventos». En ocasiones el patrimonio de las clausuras no se encuentra en malas condiciones. Al no haber estado expuestas no carecen de piezas, estando estructuralmente en un grado aceptable. Su punto débil en cambio está en la cantidad de suciedad que las cubre. La restauradora alaba la cantidad de publicaciones e inventarios que están contribuyendo a un conocimiento más exhaustivo del patrimonio de los conventos, que considera «de una riqueza extraordinaria a nivel cultural».

Tras quince años ejerciendo su trabajo, no pocas han sido las imágenes que han pasado por su taller. Provenientes de templos, conventos, no es extraño pensar que en sus manos han caído imágenes a las que tanto ella como su familia han rezado a lo largo de los años. ¿Cuál podría considerarse la más compleja que ha realizado? Probablemente la del Cristo del Mayor Dolor, por lo que ha supuesto la recuperación de la policromía. En gran medida porque a pesar de que los estudios previos son bastante fiables, el estado en el que se encuentra la policromía oculta solo es palpable una vez que se descubre. «Es un poco trabajar a ciegas, un proceso que no tiene marcha atrás porque cuando tú tienes un cuarto de la imagen descubierto ya no puedes volver a cubrir y reintegrar. Ha sido un trabajo muy minucioso, profesionalmente muy interesante porque me ha aportado conocimiento sobre algunos métodos». Además, Carmen cuenta que «he vivido momentos muy especiales con la imagen del Cristo del Mayor Dolor durante el confinamiento, cuando estaba aquí trabajando en medio de la pandemia. A nivel personal me ha servido mucho el estar acompañada por la imagen del Cristo del Mayor Dolor en un tiempo en el que el mundo necesita más que nunca volver a creer y volver a recuperar esas raíces cristianas en Europa que tanta gente se empeña en destruir». Unos meses complicados con situaciones que espera que mejoren.

Por delante Carmen tiene bastantes proyectos, algunos de ellos muy interesantes. Oculta bajo repintes se encuentra la policromía de una imagen de principios del siglo XVII que sorprenderá a más de uno. Es tan solo una de las obras en las que actualmente está trabajando. «Afortunadamente tengo mucho trabajo y muy interesante por delante».

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