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Del Lignum Crucis a la leche de Nuestra Señora, reliquias de la Vera+Cruz

Antonio Montero Parrilla publica su primera obra

El culto a las reliquias es tan antiguo que ya está en los mismos orígenes del cristianismo. Popularizadas en la Edad Media, tanto la Iglesia como las Órdenes religiosas custodiaron la mayoría de ellas. Especial mención reciben las casas reales aliadas de la Santa Sede, que también destinaron grandes recursos a la búsqueda de las mismas.

Reliquias en El Escorial

Es el caso de El Escorial, uno de los mayores relicarios del mundo. Felipe II decidió la construcción en un paraje donde se dice se situaba una de las puertas del infierno. Historiadores como John H. Elliot afirman que el monarca temía por su porvenir y decidió concentrar miles de reliquias para ganarse el favor de Dios. Por su parte, Geoffrey Parker declara que El Prudente se sentía atraído por lo sobrenatural.

En su Historia del Real Monasterio de San Lorenzo de El Escorial, escrito en 1849 por fray José Quevedo, se incluye un inventario de las reliquias. En total, 7.422, donde se encuentran 11 cuerpos incorruptos de santos, 306 huesos y 144 calaveras. Aun así, nunca se sabrá el total en tiempos del monarca, ya que la invasión napoleónica también dejó su huella en el palacio y la obra fue escrita con posterioridad.

Procesiones de huesos, rezos ante reliquias que tenían el poder de sanar a quien las besaba, inclusión de las mismas en la gran celebración de siglos pasados… Aunque su presencia ha decaído en la actualidad, el aumento del tráfico de reliquias católicas provocó que en 2017 el Vaticano reiterara la prohibición de venta de reliquias, recogido en la instrucción Las reliquias en la Iglesia: autenticidad y conservación, publicada por la Congregación para las Causas de los Santos.

Lignum Crucis de la Vera+Cruz en su emplazamiento habitual

El joven historiador Antonio Montero Parrilla ha recogido en El Tesoro de cartas de la Hermandad de la Santísima Vera+Cruz de Sevilla -Editorial Buhaira- una interesante recopilación de los documentos que la corporación posee en su archivo. A pesar de la pérdida de importantes legajos, en etapas como la invasión napoleónica, la Vera+Cruz posee un riquísimo acervo documental cuya parte se ha recogido en esta obra. Tras un primer capítulo donde aborda una aproximación a la historia de la hermandad, subdividida a su vez en su estancia durante la Casa Grande de San Francisco, su evolución durante los principios contrarreformistas, su decadencia y posterior reorganización, pasa a abordar un aspecto desconocido de nuestras hermandades pero fundamental para conocer su historia. Relación de breves pontificios, bulas, cartas de agregación y de hermandad, letras patentes de la Orden de San Francisco… son algunos de los capítulos que se abordan. Interesante la real provisión de Felipe II o la bula de la Santa Cruzada.

Medidas, tipología, fecha, acompañan cada uno de estos escritos, incluyendo en la sección dedicada a las reliquias aquellas que tienen certificado de autenticidad. En general, suele incluir una invocación, la intitulación de la autoridad que concede la reliquia, la exposición de la historia de estas, lugar al que se donan y la suscripción de un notario apostólico que afirma la autenticidad del documento y el posterior sello.

Sin duda, la más conocida es la del Lignum Crucis que se guarda en la capilla pero no es la única astilla del santo leño que posee la Vera+Cruz. A la entregada por José Sebastián y Bandarán en 1954 que cada Lunes Santo es portada por un hermano, se añade una segunda, insertada en la cruz de guía. La primera de ellas se encuentra a los pies del Santísimo Cristo de la Vera+Cruz mientras que la segunda se encuentra en uno de los altares de la capilla.

Cruz de Guía de la Hermandad de la Vera Cruz

La primera de las reliquias que recibió la corporación está datada en 1540, siendo restos óseos de san Zenón y sus soldados, martirizados por Tiberio. Llamativas son un poco de tierra santa bañada con la sangre de Nuestro Redentor, un pedazo de la vara de Arón o un trozo de tela de la estola de santo Domingo. San Inocencio, san Esteban, protomártir, san Sebastián, san Alejandro, san Jerencio y san Quiterio… Es tan extensa la lista que no solamente incluye restos óseos. También partes de objetos, líquidos o textil. Por citar algunas más, un fragmento del vaso de María Magdalena, leche de la Virgen María o un trozo de tela perteneciente a San Francisco.

La obra El Tesoro de cartas de la Hermandad de la Santísima Vera+Cruz de Sevilla viene a poner en valor el aspecto documental de nuestras cofradías, tan importante como desconocido en ocasiones, con una catalogación que muestra el inmenso trabajo que hay detrás de una obra más que necesaria.

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