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Cráneos, falanges, un velo de la Virgen… Reliquias en el Corpus

Formaron parte del cortejo durante siglos

 

Las reliquias de los santos van unidas al cristianismo prácticamente desde sus inicios. San Agustín recoge que la primera que se conserva está relacionada con el protomártir San Esteban. Se trata de una piedra con la que golpearon la sien del primer mártir de la Iglesia católica y que más tarde llegaría a Francia. Y es que la Iglesia considera reliquias no solamente restos de los mártires o santos sino también aquellos objetos que formaron parte de su vida o estuvieron presentes durante su martirio.

Una popularidad sin precedentes vivió el culto a las reliquias durante la Edad Media. Consideraron que tenían poderes curativos e incluso que protegían contra males augurios. Recorrían miles de kilómetros para poder conseguir las reliquias más importantes. Tras las de Cristo, las de los apóstoles y santos más venerados eran las más preciadas.

El Corpus Christi contó con una importante colección de reliquias que recorrían las calles del centro el jueves por la mañana, portadas sobre unas andas y que se formaban parte de la procesión. Nicolás de León Gordillo, en las tiras que dibuja en 1747, puede verse el orden de las mismas. Tras la “Roca”, los gigantes y la tarasca iba el paso de san Diego de Alcalá y los oficiales de sastres, las santas Justa y Rufina, la Virgen de los Reyes de san Ildefonso con los maestros sastres, y la Sacramental del Sagrario con el Niño Jesús. Después, representaciones de las órdenes religiosas, cruces parroquiales y clero de los distintos templos de la ciudad. Antes de las reliquias, el provisor del arzobispado, cuatro sacristanes y el colector de la sacristía de los Cálices «que acompañan al diputado de las reliquias».

La primera de las andas portaba una cruz del primer oro «que vino de las Indias con diferentes reliquias» no especificando cuáles son. Después, una muela de San Cristóbal y a continuación sobre unas mismas andas, «un cáliz de piedra ágata de san Clemente Papa y mártir; y a un lado parte de la cabeza de san Laureano, arzobispo de Sevilla, y al otro, huesos de san Inocencio». Después, un arca de nácar y dentro huesos y reliquias de distintos santos y tras esta, una de las más llamativas, un brazo de san Bartolomé apóstol. Nuevamente tres reliquias sobre un mismo paso, pertenecientes a san Pedro, san Lorenzo y san Blas. La segunda parte de las reliquias la encabezaba la cabeza de santa Úrsula. Después, una urna de plata y cristal desde donde podían observarse huesos de san Florencio, confesor de Sevilla. Tras este, otra urna, pero en esta ocasión con huesos de san Servando y san Germán, llamado san Germano, actuales patrones de Cádiz, que fueron martirizados alrededor del año 305 cerca de San Fernando.

La que mayor número de reliquias contenía le seguía a continuación. Se trataba de las tablas alfonsíes, que según la tradición ofreció el rey sabio a la catedral, y contienen «muchas y singulares reliquias engastadas con gran primor y riqueza y por el revés guarnecidas con una hoja de plata». Cerraban esta sección el busto y cabeza de plata que contenía parte del cuerpo de san Leandro, una espina de la corona de Jesús y en décimo tercer lugar, el santo Lignum Crucis, «que es el mismo que traía al pecho el Emperador Constantino». Todas iban una detrás de otra, excepto esta última, que se separaba de la anterior por «cuatro cuadrillas de diferentes danzas que costea y viste de nuevo el cabildo secular de la ciudad, las cuales van repartidas en el centro de la clerecía». El próximo paso que se vería a continuación sería el de la custodia, bastante más alejado debido a las representaciones que se incluían.

Bustos de santa Úrsula y santa Rosalía. Antonio María Vega

El orden de las reliquias permaneció inalterable durante siglos, pues ya en 1668, en un legajo que se conserva en la Biblioteca Colombina bajo el título Relación breve del Orden, con que se hace la solemne procesión del Corpus Christi en esta Santa Iglesia Patriarcal de Sevilla mantiene la misma disposición que décadas más tarde veremos en las conocidas tiras. Añade que la Santa Espina y el Lignum Crucis eran portados por cuatro sacerdotes revestidos y, como puede observarse, las demás por acólitos, estando las andas revestidas de terciopelo rojo. Toda pertenecían a la catedral, por lo que según esta afirmación no debieron de formar parte reliquias de otros santos que eran custodiadas en los distintos templos. Blanco White, en una carta fechada en 1822, recoge el mismo orden, pero refiere que se encuentra un busto perteneciente a una de las once mil vírgenes sin citar a santa Úrsula y que las tablas alfonsíes contienen alrededor de trescientas reliquias -en total son trescientas veinte-.

Tríptico relicario de las tablas alfonsíes. Foto: Catedral de Sevilla

Antonio María Vega, en una serie que realiza sobre la procesión de 1866, ya vemos que han dejado de estar presentes varios elementos. LLeó Cañal afirma que «en el tránsito del siglo XVIII al XIX la procesión del Corpus sevillano cambia radicalmente» y recoge posteriormente que «frente a las viejas corporaciones gremiales, ahora abren su marcha los niños acogidos de diversas instituciones de beneficencia, muestra elocuente del Estado filantrópico, mientras que predominan las levitas de los caballeros de las órdenes militares y de los empleados civiles y militares. La fiesta aparece ahora definitivamente oficializada, perdiendo el carácter un tanto caótico y espontáneo de la fiesta antigua».

Lignum Crucis de Constantino, hoy en el Tesoro de la Catedral. Foto: Catedral de Sevilla

En el Corpus de 1866 puede observarse que tan solo continúan algunas reliquias. Se mantuvo el busto de santa Úrsula, a continuación aparece el de santa Rosalía, después el de san Pío y luego san Laureano. Seguían unas andas con reliquias de San Félix mártir. La Santa Espina y el Lignum Crucis fueron desplazados tras los santos Leandro e Isidoro, que continúan en el día de hoy. Ya a principios del siglo XX gran parte de ellas comenzaron a salir sobre los pasos de los santos. En 1903 se menciona el busto de san Pío, la Santa Espina, que comienza a aparecer como la Custodia Chica y el Lignum Crucis. La prensa refiere que en 1908 en el paso de san Fernando aparecían las reliquias de san Isidoro, san Leandro, santa Florentina, san Fulgencio y san Cristóbal, y las santas Justa y Rufina contaban con las tablas alfonsinas y reliquias del beato Juan de Rivera. Ese mismo año salió además la Custodia del Salvador, donde podía apreciarse una alegoría de la Iglesia en plata y oro que contenía una reliquia de san Pedro. Tras este paso, unas andas llevaban la cabeza del beato Juan del Prado. La Custodia Chica contuvo aquel año una reliquia de la Virgen, un trozo de tela que perteneciera a un velo de la Madre de Dios. La Custodia de santa Ana, que también participó, llevó la Santa Espina y la de la Magdalena un Lignum Crucis de cuyo relicario pendía un pectoral de brillantes del cardenal Tarancón que fue regalado por parte de la reina Isabel II.

En 1910 se hallamos tan solo la presencia de la Santa Espina y el Lignum Crucis, que iban cada una de ella sobre sus andas.  Este último, un relicario de plata y oro con una cruz de brillantes. Las tablas alfonsíes continúan apareciendo en el paso de las santas Justicia y Rufina. En los años treinta el Lignum Crucis no aparece ya sobre paso propio. Aunque con la incorporación de Santa Ángela de la Cruz en 2009 se añadió una reliquia de la misma sobre su paso, la Santa Espina es a día de hoy la única reliquia que cuenta con paso propio, la llamada Custodia Chica, obra de Francisco de Alfaro del siglo XVIII. Cuatro niños acólitos que llevan el Jueves Santo la Santa Espina aparecen como manigueteros del paso.

El traslado de las reliquias de san Isidoro y san Leandro

Relicario de san Isidoro. Foto: Catedral de Sevilla

A mediados de abril del pasado año las reliquias de los santos Isidoro y Leandro cambiaron de ubicación. En cuanto al primero de ellos, sus reliquias se encontraban en la capilla del Palacio Arzobispal. Por deseo de Juan José Asenjo, estas descansan desde entonces a los pies de la Virgen de la Sede. Por su parte, las de San Leandro, ubicadas en la cripta de la Capilla Real, fueron trasladadas a los pies de la Virgen de los Reyes. Por este motivo, Fernando Marmolejo realizó dos fanales que contienen las arquetas con las reliquias de los santos. En las cartelas centrales aparece en latín Sancti Isidori Hispalensis y Sancti Leandri Hispalensis. En la parte superior, el escudo del cabildo catedral de Sevilla.

 

Relicario de san Leandro a los pies de la Virgen de los Reyes. Foto: Catedral de Sevilla

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