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Los otros santos que formaron parte de la procesión del Corpus

Acostumbrados a la presencia de santos ligados a la ciudad de Sevilla en el cortejo, no siempre fue así. Abordamos en las siguientes líneas una aproximación de los santos que en ocasiones salieron en uno de los jueves que relucen más que el sol

 

En 2009 la imagen de Santa Ángela de la Cruz fue la última en sumarse a la lista de santos que conforman la procesión del Corpus Christi. Con su incorporación se aliviaba un cortejo que sobrepasa los tres mil quinientos miembros. En el aire quedaba el debate de incluir más santos, como el primer rey de la Bética, san Hermenegildo, -devoción que ya formó parte en siglos anteriores- de modo que el tedio no acabe invitando a los asistentes a abandonar el centro de la ciudad. Una controversia que sigue su curso aunque en este año no hayamos podido disfrutar de la presencia de Jesús Sacramentado por el itinerario habitual.

La celebración varias veces centenaria ha contado en su haber con multitud de modificaciones: desaparición de reliquias, mutilación del componente profano, supresión de carrozas con representaciones teatrales… De estos cambios no ha escapado el nutrido número de imágenes que antaño salieron en procesión. Fundamentalmente devociones marianas pero también santos. Estos solían ser portados por miembros pertenecientes a órdenes religiosas o de alguna parroquia, cuyo clero era invitado a participar, acudiendo con el santo al que estaba dedicado el templo. Ha sido tal la cantidad de efigies a lo largo de la historia de la celebración que recogemos aquí los más conocidos. Algunos claramente identificables, otros desaparecidos.

El abad Gordillo, en Religiosas estaciones que frecuenta la religiosidad sevillana afirma que el día del Corpus Christi «iban así mismo en ella otras imágenes de Santos Patronos de Sevilla: san Clemente, San Hermenegildo, Santas Justa y Rufina con sus cofradías que salían de sus hospitales y casas propias».

San Andrés en la capilla de los Panaderos. Foto: Hermandad

Los gremios solían llevar la imagen de su patrono. Comienzan a formar parte en 1501, llevando sus estandartes e imágenes en andas. El primero fue el de los plateros, por lo que suponemos que portaron en andas la imagen de san Eligio. Los sastres acudían con la Virgen de los Reyes de san Ildefonso, los oficiales a san Diego, los guanteros a san Cristóbal, los alfareros a las santas Justa y Rufina y los zapateros a san Crispín y Crispiniano -cuyas reglas se conservan en la Biblioteca Nacional de España-. Sorprende que en medio de los gremios el autor refiera que formó parte «la de san Roque de Triana». Todo un rosario de devociones que desapareció cuando los gremios dejaron de formar parte de la procesión en 1554. Lleó Cañal afirma en cuanto a la efigie de San Cristóbal que «lo llevaban desde su hospital a la iglesia a vísperas con un tamborino y estandarte de su cofradía e infinidad de muchachos que lo seguían; y en la noche lo velaban en su calle, y el día de la procesión iba en ella, que representaba muy bien su figura».

En esta misma obra, titulada Fiesta Grande: el Corpus Christi en la Historia de Sevilla, también se recoge que antes de la sacramental del Sagrario iban las santas Justa y Rufina, la Virgen de los Reyes y san Diego de Alcalá. Para la relación de componentes que realiza toma como referencia las tiras de Nicolás de León Gordillo realizadas en 1747 donde bajo el título Mapa del Orden con que se haze la Solemne Procesión del Corpus Christi en la Sta. Metropolitana y Patriarchal Yglesia de Sevilla se muestra el cortejo de aquel año. Llama la atención la cantidad de reliquias que copan las ilustraciones, detalladas por el autor.

Nicolás Salas contiene en su obra Las ferias de Sevilla el extracto de una carta que José María Ibarra escribe a Fermín de la Puente y Apezechea, el día 16 de abril de 1847, donde le cuenta la existencia de tiendas y puestos de mercancías «en particular la calle San Fernando y las afueras del Alcázar, que se han cubierto con los toldos de la carrera del Corpus, están animadísimos», y aunque no expresa nada más relativo a la celebración, nos da una idea de cómo se extendía la celebración.  Para conocer más datos hay que remontarse varias décadas después. Antonio María de la Vega toma como base el modelo de Nicolás de León Gordillo pero actualizándolo a la procesión que se celebró dos años antes del estallido de la Gloriosa y que Lleó Cañal recoge en Iconografía de Sevilla. 1790-1868. Sabemos entonces que el Asilo de Huérfanos de la Sociedad de san Vicente de Paúl llevó la efigie del santo y el Asilo de la mendicidad de San Fernando hizo lo propio con san Rafael. Por su parte, la Hermandad de los Sagrados Corazones con sede en el convento de la Paz llevó a san José.

Entre la sección de las hermandades sacramentales la mayoría de ellas llevó al santo titular de la parroquia. Fue el caso de san Roque y san Bernardo. Curioso dato nos aporta sobre la sacramental de Santa María la Blanca, que decidió contar con san Juan Nepomuceno y no con la Virgen de las Nieves, como apunta María Jesús Sanz en Ars Longa. Detrás, la de san Ildefonso, con la Virgen de los Reyes y san Ildefonso arrodillado ante ella.

San Cristóbal del Salvador. Archivo del autor

San Juan de la Palma y san Pedro acudieron con sus imágenes titulares. Pero también san Miguel, san Lorenzo, san Sebastián, san Vicente y Santa Catalina -esta última llegó a salir en los primeros años de la década de los veinte-. Aunque la de santa María Magdalena no llevó la imagen que da nombre al templo y que se encuentra en el altar mayor aquel año sí consta que la sacase en otros, como muestra una fotografía conservada en la Fototeca de la Universidad de Sevilla. La sacramental del Salvador optó por la presencia en su cortejo de la comunal efigie de san Cristóbal y desde Santa Ana, la titular del templo acompañada por la Virgen y el Niño Jesús. Según las crónicas, se trata de uno de los pasos que más expectación despertaba.

Santa Ana en 1919. Archivo Sánchez del Pando. Fototeca Municipal de Sevilla
Santa María Magadalena en su parroquia. Archivo del autor

El cambio de siglo provocó importantes modificaciones. Fueron quedando atrás las imágenes san Francisco Javier, san Francisco de Paula, san Francisco de Asís, san Eligio, este acompañado por el gremio de plateros y san José de Calasanz con los Padres Escolapios -estando presente en contadas ocasiones, una de las últimas en 1920-, y continuaron devociones marianas en las primeras décadas del XX, como María Auxiliadora, Divina Pastora de Capuchinos o la Virgen del Voto, aunque de manera intermitente. Continuó el arcángel san Rafael, propiedad del Asilo de San Fernando, siendo el primero de los pasos y seguía un san José de plata de pequeño formato portado por miembros de la Adoración Nocturna. En 1910 salió santa Marina, de la parroquia homónima y en 1919 lo hizo san Andrés, titular de la Hermandad de los Panaderos y que hace años pudimos verlo presidiendo el altar efímero que la corporación del Miércoles Santo levantó en 2011 También en 1919 salió al completo el misterio de la Sagrada Cena. A mediados de los años veinte de la pasada centuria salió el San José de la Parroquia de San Gil, perdido en los disturbios de la guerra civil.

Por la instantánea que conserva la Fototeca Municipal, del archivo Sánchez del Pando sabemos también que en 1928 salió el grupo escultórico de san Joaquín, santa Ana y la Virgen niña de la parroquia de la Magdalena, en un principio formada solo por santa Ana y la Virgen y a las que se le añadió la imagen del santo.

La Sacra Familia de la parroquia de la Magdalena. Archivo Sánchez del Pando. Fototeca Municipal de Sevilla

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