El Santo Escapulario en herencia

Ahora que las campanas de nuestros templos repican al caer la tarde citándonos a las diferentes novenas, triduos y cultos en honor a la Reina y Hermosura del Carmelo, me gustaría compartir con vosotros una realidad, que en muchas familias cristianas se vive.

La devoción a Nuestra Señora del Carmen es universal, con centenares de municipios a lo largo del orbe cristiano que la acogen como patrona, protectora, dedicándole iglesias o ermitas, fiestas y un sinfín de ejemplos que estaríamos enumerando durante horas. Sin ir más lejos, en nuestra patria tanto en ciudades costeras como en interior se procesa una enorme devoción hacia la Flor del Carmelo.

Dejando a un largo las particularidades con las que se honra y da culto a esta advocación, hoy me gustaría resaltar el lugar que ocupa Nuestra Señora de los últimos momentos en el corazón de los cristianos, incluso en aquellos que no han rezado mucho, pero que recurren a su Santo Escapulario.
Nuestra Señora del Carmen, es intercesora en los últimos momentos de nuestra vida. Muchas personas visten de por vida el escapulario y muchos, en el lecho de muerte lo solicitan, para así, alcanzar la salvación. La Madre del Divino Amor, intercede ante el Padre por todas las almas, llevándolas así al cielo con Jesús. Si estás leyendo este artículo, seguro que viene a tu cabeza recuerdos de algún familiar muy devoto de Nuestra Señora que murió en sábado o que ya enfermo en la cama, buscó pisar tierra antes de partir hacía la casa del Padre.

Para mí, creo que detrás de cada persona devota de la Virgen del Carmen existe una historia íntima de amor con la Virgen; una historia íntima que se prolonga tanto en el cielo como en la tierra.

Una historia íntima en el cielo, pues tras el paso por la vida terrena y ser socorrida el alma en el purgatorio, la intercesión de Nuestra Señora del Carmen lleva las almas al cielo. Allí, se seguirá produciendo un coloquio de amor interminable a la Virgen, en la plenitud de Dios.

Una historia íntima en la tierra, pues tras el paso por la vida terrena de una familiar que amó a la Virgen del Carmen, siempre se produce una maravillosa historia de amor a la Virgen. ¡Sí! Es tanto el amor hacía la Flor del Carmelo, que la persona que marcha podrá dejar muchos bienes de diferentes tipos, pero el que más perdurará en el corazón desde el recuerdo y la añoranza, será el de que portó el Santo Escapulario.

¡Si! El Santo Escapulario es la mayor herencia que deja un devoto de la Virgen a los que quedan aquí, acogiendo los hijos o nietos, la devoción hacía la Estrella de los Mares. En estos días donde de valora tanto lo material y económico, os invito a mirar a la Virgen del Carmen y su Santo Escapulario.

La devoción hacía la Señora, es la mejor herencia que podemos recibir, una herencia de amor a la mejor de las nacidas, una herencia que nos dice que siempre vamos a estar entre los brazos de María como un niño pequeño, una herencia que nos dice que en los últimos minutos, Ella estará esperándonos para estar también entre sus brazos en el cielo