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El viejo costal, Opinión

Casi nada lo del tiempo, casi nada lo que ha cambiado todo

Lo de viejo costal lo tengo justificado por llevar en estas cosas desde hace casi tres décadas y media, y ahora más que nunca puedo ver de forma distante los cambios que hemos sufrido en el mundo del costal, de las cuadrillas y de los capataces, unos buenos y otros no tanto, permitirme que intente explicarme.

Lo de ir de losa a losa se terminó, gracias a Dios, en la actualidad las cuadrillas gozan de buena salud en lo referente al número de componentes, es fácil encontrar cuadrillas que calzando su paso 40 ó 50 hombres estén formadas por un centenar largo de miembros, palos doblados e incluso relevos dentro de los doblados, bien y esto me gusta.

Cuadrillas numerosas, jóvenes, cada día se ven menos hombres “cuajados”, de edad, en unos casos por no haberlos, en otros porque han sido “retirados” por imperativo de no sé qué norma impuesta por no sé qué Junta de desgobierno, bien y esto no me gusta.

Cuadrillas de afortunados chicos que están conociendo un buen momento, los pasos son majestuosos las más de las veces, las hermandades cada día con más calidad en el amplio patrimonio que forma parte de su catequesis en las calles, y esto me gusta.

Cuadrillas que por lo numerosas de sus integrantes tienen una facilidad de alcanzar y dominar la composición de una Junta de Gobierno, de poner y quitar a un hermano mayor, ya sabemos que en democracia no cuenta la calidad del voto, sino la cantidad. Y como consecuencia de esto muchas de nuestras hermandades se encuentran regentadas por jóvenes costaleros, carentes de la formación cofrade necesaria, de la experiencia, y del menos común de los sentidos, que es el sentido común necesario para regentar de forma magistral un instrumento tan complicado como es una Hermandad en todas sus facetas, entiéndase, formación, catequesis, valores, caridad, evangelización y un centenar de aspecto que configuran el mundo del interior de una cofradía. Que no todo es salir a la calle, que no todo es estrenar patrimonio, que muchas de las veces ni se notan estas necesarias notas, quedando ocultas, por falta de la señalada experiencia y falta conocimiento, (léase formación), y esto no me gusta.

En los tiempos actuales, como dice un conocido capataz de Córdoba, “esto se ha transformado en un deporte, se suda, se hace fuerza y se puede presumir en las redes sociales”, y por tener muchos conocidos en el mundo del costal, puedo asegurar que hay más fotos en las redes sociales de grupos de costaleros, que de las imágenes que portan, más videos del giro, de tal o cual calle, del paso por la conocida plaza, ¿Pero cuántos de los costaleros sabrían decir el nombre completo de su Hermandad si equivocarse y sin dudas?, ¿todos?, ¿o quién es el responsable de vestir a sus imágenes?, ¿Qué imaginero le dio vida desde la fría madera?, ¿quién es el hermano de más edad de su Hermandad?, ¿Quién la fundó?, y así poder verificar no la fuerza pero si la formación conocimiento y calidad de la cuadrilla de una Hermandad cualquiera, y esto no me gusta.

Se promocionan desde estas nuevas esperpénticas cuadrillas, que desgobiernan a algunas hermandades salidas numerosas y constantes, casi todas extraordinarias, casi todas sin motivo, creyendo que por salir mucho se hace más grande la cosa esta de la hermandad, creyendo que para ir desde el punto “A” hasta el punto “B”, han de pasar necesariamente por todo el abecedario dando vueltas y más vueltas, llegando a pisar la misma calle hasta tres veces, ya que creen que lo importante es el número de horas en la calle, el máximo recorrido posible, siendo lo de menos la causa que obligue a realizar la salida, el aniversario de cualquier simple cosa en suficiente, eso sí, la banda ha de ser la de más calidad que económicamente se pueda conseguir, si no tengo dinero para la totalidad del tiempo, uso dos bandas, una buena y otra no tanto, las horas y el recorrido ha de ser elevado al máximo, obligando a eternizar los tiempos de la salida, aburriendo al espectador hasta el infinito, y esto tampoco me gusta.

Escogen, las más de las veces, a su hermandad por el esfuerzo que se ha de hacer, por el recorrido, por la permisividad de las juntas o de los capataces, siendo también el peso uno de los factores determinantes, otro es que sus amigos formen parte de la cuadrilla, entrando a las cuadrillas en grupos y desapareciendo también en grupos y esto tampoco me gusta.

Ahora de verdad lo que más me gusta de todo es las fotos por miles en las redes sociales, o debería decir asociales, tengo mis dudas, fotos decía delante del paso, en parejas y en grupos, videos de miles de “levantás” cada calle, cada rincón, cada maniobra, tal es el montón que de una hermandad que esté en la calle 7 horas es fácil encontrar 9, 10 ó 11 horas de videos, ya que cada uno de los componentes de la cuadrillas y cada uno de los asistentes, subirá todo lo grabado a estas redes, asumiendo que dada la proliferación de salidas, el número de horas de visionado, a nadie le queda ganas, ni la impaciencia de tener que esperar todo un año a ver de nuevo su titular en las calles, y esto último es de todo lo que menos me gusta.

Como podéis ver hay cosas que me gustan y otras no, como casi a todo el mundo; demasiado tiempo viendo las unas y las otras, eso si nunca he mirado para otro lado, no he aceptado lo que no me gusta y esto, esto si me gusta.

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