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Cécile Vincent-Cassy: «El culto de San Fernando se quedó a las puertas de la canonización porque no se impuso en el mundo entero»

Si ayer nos hacíamos eco de un artículo sobre la santidad de Fernando III, hoy hablamos con su autora, Cécile Vincent-Cassy.

– La beatificación y la canonización. Dos aspectos que a veces crean confusión.

Cécile Vincent-Cassy

La distinción entre una y otra categoría parte de la creación de un órgano de control de los cultos por la Santa Sede en 1588: la Congregación de Ritos. Entonces Roma fijó un modo de controlar los cultos, aunque, en teoría y en práctica, los cultos siempre parten de los fieles. Roma creó pues un sistema jurídico para examinar las «causas» de los santos a través de un proceso en el que los solicitantes tienen que aportar pruebas de virtudes y milagros. En este sistema un santo no puede ser canonizado sin ser previamente beatificado. La diferencia entre el beato y el santo canonizado no está en el grado de santidad sino en el radio en que el culto está autorizado. El santo canonizado recibe un culto universal, con una fiesta común a toda la Iglesia. Un beato solo es celebrado en un lugar, diócesis, orden religiosa, ciudad, etc. Pero pronto después de la creación de la Congregación de Ritos hubo que crear un modo de confirmar unos cultos que ya existían desde «tiempos inmemoriales». Fue la vía elegida por los solicitantes de la causa del rey Fernando III de Castilla y León para que su culto fuera autorizado y confirmado por Roma. También tuvo que pasar por la beatificación, decretada en 1655: su fiesta era celebrada en la archidiócesis de Sevilla. Su culto fue reconocido como inmemorial en 1671 para los reinos de Castilla, y a los pocos meses la autorización de su culto fue ampliada a todos los territorios de la Monarquía hispánica. No fue canonizado, es decir que su culto no fue proclamado como universal. Sin embargo, San Fernando no es menos santo. Y hay que precisar que se incluyó su fiesta en el Martirologio romano en 1672, lo cual puede hacer pensar que se rectificó esta restricción, pues en teoría este Martirologio se creó y reformó a finales del siglo XVI para hacer la lista de los cultos universales.

– El camino hacia los altares se paraliza en 1630. Las relaciones entre la monarquía y el Papa Urbano VIII no son muy buenas. ¿Qué circunstancias provocaron este distanciamiento?

El Papa Barberini Urbano VIII, 1623-1644 nunca ha sido hispanófilo, y además estableció unas reglas de control del reconocimiento, o autorización de culto a los Santos más estrictas que las que ya existían. Durante su reinado, las causas españolas se estancaron y la Monarquía hispánica solo reanudó con el éxito en los años 1650, bajo Inocencio X (1644-1655). En la historia de las relaciones entre el Papado y los distintos estados, siempre ha habido altibajos según las afinidades de tal o cual Papa con los príncipes de las potencias católicas. En el siglo XVII, que es el del declive muy paulatino de la Monarquía hispánica frente a la Monarquía francesa, el Papado ha tenido un papel de árbitro entre las dos potencias. Está claro que el Pontífice anterior a Urbano VIII, Gregorio XV (1621-1623), sí que era favorable a las solicitudes de los reyes españoles. Pensemos en la múltiple canonización de 1622, en que fueron canonizados san Isidro Labrador, san Ignacio de Loyola, San Francisco Javier y Santa Teresa, todos españoles, junto con San Felipe Neri.

Hay que saber que todas las causas de los candidatos a la santidad de los vasallos de la Monarquía hispánica tenían que ser apoyadas por los propios reyes (se conservan muchas cartas de solicitud, para cada paso de los distintos procesos apoyados), por lo que la historia de la santidad forma parte de la historia de la diplomacia.

– Según sus investigaciones, el Papa Clemente X extiende el culto a las posesiones de la monarquía hispánica pero no a todo el mundo. A su juicio, ¿por qué cree que no se amplió a toda la Iglesia universal?

El culto de San Fernando se quedó a las puertas de la canonización porque no se impuso en el mundo entero. Ningún documento permite responder a la pregunta del «¿por qué no?» de forma definitiva. Los motivos de un rechazo no se suelen explicar. Además, el matiz es muy leve. Pero es cierto que se circunscribió el culto a los territorios de la Monarquía (que estaba aún extendida entre 4 continentes, ¡no es poco!). Hubo probablemente una resistencia a imponer el culto al que se presentaba como el antepasado de los monarcas de la Casa de Austria (y de ahí que significaba santificar la Corona española) a la vecina y enemiga potencia francesa. En Francia (y otros países de herencia no hispánica) no hay culto extendido a san Fernando.

– Podríamos considerar que la canonización de San Fernando se quedó en un esfuerzo de la monarquía que no llegó a culminar. ¿Por qué desde el origen se ha ido transmitiendo una idea que no es tal?

Hubo una voluntad de crear confusión. La cuestión atañe a la diplomacia de los cultos que a la cantidad de las virtudes y milagros del santo en cuestión. La canonización es una validación romana del culto. En la época moderna (¡y contemporánea también!) los santos y sus causas son los ingredientes e instrumentos de los conflictos y equilibrios entre las distintas potencias católicas. En el siglo XVII las causas de los Santos fueron una manera para Roma de compensar la pérdida territorial de la Monarquía frente a los franceses. A partir del tratado de los Pirineos (1659) se trataba para la Santa Sede de acceder a las solicitudes de lo que aún era una potencia de primer rango, aunque muy en declive durante el último reinado de los Austrias (Carlos II, rey entre 1665 y 1700). Pero la Monarquía hispánica no fue lo suficientemente potente como para imponer el culto al antepasado de los reyes de España a la Iglesia universal. Aunque con la inclusión de su fiesta en el Martirologio romano en 1672 se ha ocultado y algo borrado el feo de su no-canonización (decretada al final del proceso por el Papa mismo, quien es el que tiene el poder de zanjar y decidir).

«Las fiestas de santos a lo largo del siglo XVII fueron a las claras unas máquinas para publicitar y acrecentar los «triunfos» de los Santos»

– Prácticamente desde sus inicios se articula todo un engranaje para que Fernando sea declarado santo. Y en 1671 los festejos son propios de una canonización. ¿Podríamos estar hablando de propaganda?

Los festejos de 1671 son propios de una canonización, y esto es lo que nosotros llamaríamos la expresión de una propaganda (que no pudo mencionar en ningún lugar que fuera «canonizado», solo se habló de «triunfo»). Las fiestas de santos a lo largo del siglo XVII fueron a las claras unas máquinas para publicitar y acrecentar los «triunfos» de los Santos. Pero que estas fiestas sean en este caso tan grandes como las de una canonización no es tan excepcional. Los primeros grandes festejos del siglo XVII (que fue el siglo de los Santos españoles), fueron los que se reservaron a santa Teresa de Jesús cuando fue beatificada en 1614 (antes de ser canonizada en 1622). Además, la implicación popular en estos festejos de 1671 fue enorme, en particular en Sevilla. Y por todas partes se hizo de ellos un gran «triunfo» (en el sentido romano de los «arcos de triunfo») de la Monarquía hispánica (el último, sin duda).

–  A pesar de que el artículo publicado sobre San Fernando en la revista Andalucía en la Historia vio la luz en 2011, todavía hay grandes historiadores que siguen reafirmándose en una idea que no es tal. ¿A quién podría favorecer la repetición de unos datos que, como constata, revelan una verdad muy distinta?

A decir verdad, parece que en 1671 no se entendió tampoco que no había sido canonizado. El matiz atañía a una cuestión de derecho eclesiástico, no de devoción, y nadie trató de precisar el matiz. Otra razón es que es muy común en la escritura colectiva de la historia que se repitan los errores pasados cuando no se mira la documentación con detenimiento. Aunque algunos historiadores no lo cometen, la fuerza de las fiestas también explica esta confusión.

– Sobre este asunto, ¿cuándo piensa que acabará triunfando la verdad? 

Espero que algún día triunfe la verdad. El tema de los cultos es espinoso porque, como decía, forma parte el culto a San Fernando de una de las características de la vida religiosa española, en particular sevillana y constato que es difícil entender el matiz. Quizás gracias a ustedes haya llegado la hora de hacer triunfar esta verdad.

San Fernando recibe las llaves de la ciudad del rey Axataf. Pacheco. 1630

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