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Opinión, Racheando

Cesaron los golpes de gubia en la Tierra para estar en el Cielo

Mientras Córdoba cuenta las horas que restan para celebrar la Magna Exposición con las mayores obras devocionales de su Diócesis, la cultura cofrade ha perdido al «Niño imaginero», al menos para mí, uno de los mejores imagineros la segunda mitad del siglo XX, principio del XXI y maestro de imagineros a los que hoy en día admiro, D. Luis Álvarez Duarte ha partido al Padre.

No lo conocía, pero desde mis inicios en el mundo cofrade, ya desde pequeño, le seguía, al principio con las estampitas que a modo de colección iba acaparando y en la que aparecían algunas de sus obras, pero llegó a mi una realmente especial, pues acabaría siendo la primera estampita de mi Señora del Patrocinio.

Si desde pequeño amaba mi Semana Santa, al convertirme en músico cofrade fue cuando más aprendí de las Semanas Santas de toda España después de que entrara en mi el «veneno» de querer siempre saber más y más, hasta que llegué aquel Domingo de Pregón en Sevilla a las plantas de mi Señor del Zurraque, hace más de 10 años, cuando salí embobado de la hoy Basílica del Santísimo Cristo de la Expiración, al final de la trianera calle Castilla. Era el Besamanos de una dolorosa sin lágrimas, salida de la gubia de D. Luis Álvarez Duarte, aquella misma imagen de la que años antes tuve una estampida, siendo ese momento en el que siempre admiraría al imaginero que tan magníficamente la tallara.

A partir de ahí, empecé a ver la obra de Álvarez Duarte de otra manera, con el aura de divinidad que vi aquel día en la Hermandad del Patrocinio, las dolorosas del imaginero para mi son especiales en muchos aspectos, cada una con algo distinto, especial, esa sensación regia me pasó cuando vi a la Virgen de Guadalupe de la Hermandad de las Aguas de Sevilla, y sin duda en Huelva cuando vi por primera vez a la Reina de la Victoria de la Hermandad homónima de Huelva.

Pintor, restaurador, artista en general de Sevilla, pero parte esencial de todo el mundo cofrade que, con la marcha de Luis Álvarez Duarte, pierde parte de aquellos creadores de como hoy entendemos la forma de ser de la Semana Santa.

Podría gustar más o menos su obra, pero no podemos negarle el honor de ser maestro de maestros. La casualidad quiso que coincidiera su partida en Viernes, para estar con aquella que tan magistralmente tallara, a la Señora del Patrocinio, Madre del Santo Cristo de la Expiración.

Descanse en Paz, Maestro.

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