Clarisas de Morón

Lo que en principio no era más que la adquisición de una saya en un anticuario de Carmona por parte de la corporación de la Esperanza de Triana se ha convertido en una información viral que la ha convertido en el tema más comentado de la semana. No por la compra sino por el modo en el que la saya del siglo XIX llegó al anticuario.

Hay quien podría pensar en que las novicias vendieron esta saya porque atraviesan dificultades económicas. No es extraño imaginar que podría darse el caso si nos centramos en los pocos ingresos que en general tienen los conventos y monasterio de nuestro país. La caída de vocaciones y el hecho de que centren sus ganancias en la venta de dulces hace que se difícil salir adelante. Si añadimos la magnitud de los recintos así como el coste de mantenerlos, las cifras son desorbitadas en la mayoría de los casos.

Algunas han optado por trasladarse a pisos, más recogidos y en la ciudad, lo que también favorece el estado de aquellas hermanas de avanzada edad. Pero las hay que siguen desarrollando esta labor callada en conventos centenarios. Pero el caso de las novicias del citado convento de Santa Clara es bien distinto. Cuentan con varias casas situadas en la calle Utrera, una guardería y además la oficina de Turismo se encuentra en un inmueble que es de su propiedad. Y poco más se conoce debido a la opacidad con la que desarrollan su labor. Entonces, ¿cuál ha podido ser el motivo que les ha llevado a la venta de la saya?

Más allá de encontrar respuesta a esta pregunta, de las cuales ya hay diferentes versiones y, probablemente, nunca se conozca la razón, esta venta ha puesto el foco sobre el convento y en Morón están que echan chispas. Se ha sabido gracias a la difusión que diversos moronenses han llevado a cabo a través de las redes sociales. En esta ocasión se ha conocido de dónde provenía la pieza pero, ¿de cuántas obras se habrán desprendido en otros cenobios que no estuvieran recogidos en inventarios? ¿Cómo puede escapar a la Iglesia el control de los bienes que pertenecen a las clausuras? Al menos, la saya ha terminado en manos de una corporación señera.