El viejo costal, 💙 Opinión

Claustral, Corpus Christi

Hemos disfrutado de un peculiar Corpus Christi en Córdoba. Justo 60 días después del Domingo de Pascua nos vemos celebrando la institución de la eucaristía, siempre en jueves, siempre el sexagésimo día después del este señalado Domingo, es la festividad del Corpus Christi, solemnidad del cuerpo y la sangre de Cristo, aunque en nuestra vieja Córdoba lo celebramos el domingo siguiente a este importante jueves.

Nuestra ciudad ha podido disfrutar dentro de las limitaciones de este anómalo periodo de alerta sanitaria de una breve, procesión del Corpus Christi, claustral procesión, limitada por las paredes del centenario patio de los Naranjos de nuestra Mezquita – Catedral.

Limitado el número de asistentes limitados los participantes de la procesión, limitado los sacerdotes asistentes, noté la falta de insignes párrocos de las feligresías de Córdoba, siempre habituales durante décadas y ahora ausentes.

Noté la falta del olor a romero, peculiar olor grabado en mi memoria, vinculado a este especial día, noté la falta de los pequeños de primera comunión, noté la falta del pueblo de Córdoba, limitado y resumido en 400, solo 400 asistentes, todos embozados en sus mascarillas, otra peculiaridad de estos tiempos que corren.

Limitados los asistentes, muchos de ellos debieron de permanecer en el interior del templo, durante el corto tiempo que duró la procesión, solo participaron en ella las autoridades asistentes a la misa solemne, y poco más que los seminaristas.

Ni el propio Papa Nicolás V, quien fundó la tradicional procesión del Corpus en la eterna Roma, en 1447 hubiese visto bien tan cuidada organización como consecuencia de la pandemia mundial, en el centro del patio de los naranjos, apenas una decena de músicos aislados, el resto de asistentes todos a la distancia social necesaria, con la incómoda y habitual mascarilla, en un cortés y educado silencio, presenciando este peculiar Corpus Christi, peculiar, limitado y cuidadosamente organizado.

Facilidades por usar un recinto tan peculiar, facilidad y ventaja de poder controlar exhaustivamente el aforo de asistentes, tanto dentro del templo, como en su anexado patio, y eso lo hace señalado dentro de la su peculiaridad, eminentemente seguro, en obediencia de lo que las autoridades sanitarias aconsejan, y donde los asistentes dieron muestras de una responsabilidad máxima.

Así recorrió la custodia labrada por Enrique Arfe, espectacular obra gótica, los pocos metros del patio, conteniendo en su viril la sagrada hostia consagrada, lleva portándola desde 1518. Y en todos estos siglos nunca se vio tan limitada procesión, y es que la nueva realidad nos va cambiando todo lo que hasta ahora era nuestro, tradiciones que se han vuelto más limitadas, en el espacio, en los asistentes, en el recorrido, todo bajo ese controlado ambiente al que ya aludíamos anteriormente. Claustral es la palabra.

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