Cruz de guía, Opinión

Cofradías Fantasy

Los últimos días han sido verdaderamente convulsos en el mundo de la música cofrade. Y es que las redes sociales han disparado vertiginosamente el influjo de noticias que tienen que ver con este ajetreado mundo. Un auténtico culebrón de hora de la siesta que traspasa fronteras, hasta tal punto de asentarse dentro de los límites que marcan los temas más comentados en nuestro país.

Una verdadera tendencia que muchos han calificado de despropósito ante el mercado de fichajes en los que se ha convertido el traspaso de bandas de unas hermandades a otras, como si se tratase de aquel seductor juego de dispositivo móvil llamado La Liga Fantasy. ¿Cuántos puntos crees que haremos esta jornada?, ¿qué valoración tendrán las bandas cuando culmine Semana Santa?, cosas así se me vienen a la mente de diferentes grupos capaces de reducir el recorrido de la Semana Santa al culebrón musical.

Y con esto no estoy diciendo que quien les escribe deteste la música cofrade, nada más lejos de la realidad, simplemente que nos encontramos ante un momento de altura de miras hacia la espeluznante profesionalización de la Semana Santa. Ya se empezó por los costaleros debido a la atosigante escasez de efectivos para portar los pasos hasta tal punto de que las propias Cofradías se vieron obligadas a contratar cuadrillas enteras de costaleros.

Desde luego este es un modelo que ya había tenido su precedente en lejanos siglos y que amenaza con contaminar el resto de orbes que componen el complejo mundo de la Semana Santa. Un ambiguo futuro en un mundo- el de las bandas- que está creciendo como la espuma conquistando cotas que nunca antes había dominado, hasta tal punto de eclipsar lo verdaderamente importante del asunto.

Así pues, con todo lo que está aconteciendo, regresamos al terreno de la toxicidad social y los cruces de acusaciones que mantienen vivo el esperpento de ese culebrón en el que se están convirtiendo las redes sociales. Nos dejamos la vida en ejercer nuestro derecho a la libertad de expresión en disputas que posteriormente culminan en agua de borrajas y en contratos que se resquebrajan en escasos años, a la vez que nos acordamos de lo tontos que fuimos en participar de aquella «conversación» de la que finalmente no se benefició ninguna de las partes integrantes. No sirvió para nada.

Nos hemos convertido en fanáticos de la verdad y en jueces de los acontecimientos por tal de predecir cual será la mejor formación musical que ocupe el puesto número uno del imaginario ranking de bandas de nuestro país.