Portada, Sevilla

¿Coincidirán en octubre de 2024 la Estrella y la Macarena en la Catedral de Sevilla?

La posibilidad de que la Macarena celebre una salida extraordinaria a finales de octubre de 2024, coincidiendo con la celebración del puente de Todos los Santos con motivo de la celebración del cuarto centenario de la primera salida procesional de la corporación de la Madrugá, y el anuncio de que incluso la fecha ya está reservada por Palacio, podría propiciar una insólita confluencia en la Santa Iglesia Catedral en esas fechas toda vez que otra corporación hispalense, la Estrella, tiene la firme intención de celebrar el 25 aniversario de la coronación canónica de su dolorosa en el templo mayor de la diócesis. Una circunstancia que podría implicar diversas posibilidades, desde que ambas hermandades coincidieran en el templo, como que acudieran a él de manera casi secuencial o, incluso, que la aceptación de una de las presencias penalizase la otra.

«María, estrella del tercer milenio» fue la frase clave que el papa, hoy elevado a los altares, Juan Pablo II pronunciaba en la audiencia general del 21 de marzo de 2001. Incluso para ello hizo alusión a Martín Lutero, señalando que María enseña «cómo tenemos que amar y alabar a Dios». Esta cita quedaría grabada en el seno de la Capilla de la Estrella -una insignia del cortejo la recuerda-, cuando apenas año y medio antes, el 31 de octubre de 1999, se había celebrado con todo boato la coronación canónica de la dolorosa de Triana, aquella que a partir de 1932 bautizarían como «la valiente». Y en aquella ocasión volvería a serla.

Los nervios en la corporación del arrabal sevillano se acentuaron el 24 de octubre, día que inauguraba las fiestas de aquel acontecimiento histórico cuando la imagen de María Santísima de la Estrella fue trasladada desde su capilla hasta la Santa Iglesia Catedral. Sin corona ni diadema que adornara sus sienes. Tampoco puñal. Era una ocasión especial. El reducido cortejo apenas contaba con la insignia del guion de San Francisco de Paula y el estandarte corporativo. Además, la corporación optaba por trasladar a la dolorosa bajo el palio de Garduño, realizado en el año 1995 y adornado con claveles blancos para la ocasión.

A pesar de ser un domingo temiblemente lluvioso, la cofradía decidió no aplazar el acto confiando en los favorables partes meteorológicos para las horas centrales de la tarde, aunque retrasaba la hora de salida hasta las 15:30 horas. «Diputado Mayor de Gobierno, adelante la Cruz de Guía y que Dios nos proteja», anunciaba el hermano mayor entre júbilo y esperanza. La primera levantá estaba dedicada al Señor de las Penas y a las hermanos que no pudieron estar presentes. Marcha Real y Estrella Sublime, sonrisas y lágrimas. Sin embargo, una breve pero intensa tormenta hacía acto de presencia ya en la calle de San Jacinto, cuando la cruz de guía alcanzaba ya la Capillita del Carmen. Aunque en un primer momento la junta de gobierno acordaba retroceder sobre los pasos, el palio giraba nuevamente en dirección a Sevilla con la izquierda delante y la derecha atrás.

La cofradía tomaría la calle Adriano para llegar hasta el primer templo hispalense, estando durante largos minutos frente a la Hermandad del Baratillo, a donde llegaba a sones de Encarnación de la Calzada, magistralmente interpretada por la Sociedad Filarmónica Nuestra Señora de la Oliva de Salteras mientras la cofradía del Miércoles Santo brindaba una petalá a la dolorosa de Triana. A partir de esta capilla se incorporaba al cortejo procesional la policía local y José Luis Peinado, quien fuera presidente del I Congreso Internacional de Hermandades y Religiosidad Popular que se celebraba esos años en Sevilla. Los últimos rayos de sol se despedían de la Virgen de la Estrella tras cruzar el Arco del Postigo hasta la semana siguiente, donde se recordaba a Juan Carlos Montes, que el Lunes Santo del año anterior hacia la Casa del Padre bajo las trabajaderas del Cristo de las Aguas.

La Giralda anuncia que ha llegado la Estrella del Tercer Milenio y el palio rodea la Plaza de la Virgen de los Reyes, girándose hacia las monjas agustinas del Convento de la Encarnación. El palio quedaba arriado en la Capilla de San Francisco hasta el martes, cuando comenzaría el triduo extraordinario preparatorio de cara a la histórica celebración. La próxima vez que pise las calles de Sevilla estaría coronada canónicamente, un rango litúrgico que fue iniciado desde el arzobispado antes que de la propia hermandad. Cinco años habían esperado los trianeros para este momento, cuando en 1994 se hiciera la petición oficial, recibiendo la aprobación eclesiástica en 1996, si bien este anhelo fue ideado ya a comienzos de la década de 1970.

En la mañana del domingo 31 de octubre, el dulce rostro de la Virgen de la Estrella tenía un aspecto diferente. Casi se podían borrar las lágrimas de la cara para sustituirlas por la emoción desbordante de los devotos, llegados desde todos puntos de España y del extranjero. Mantillas negras acompañaban las alegrías de las hermanas de la cofradía. No cabía un alma en las naves de la Catedral, habilitándose la Parroquia del Sagrario para seguir la misa ante la masiva afluencia de público. Ya lo diría el cardenal Amigo en 2014 durante la función conmemorativa, cuando recordaba «la coronación más universal de las que se han celebrado en Sevilla».

La dolorosa lucía el manto de camarín realizado en los talleres de Fernández y Enríquez ante la falta de espacio para portar la pieza de salida, que fuera ejecutada por la magia de las manos de las hermanas Antúnez. El entrañable arzobispo de Sevilla fray Carlos Amigo Vallejo presidía el solemne pontifical, concelebrando el de Mérida (Venezuela), el obispo de Huelva y un prelado procedente de Rumanía. La Asociación Coral de Sevilla ponía la melodía a la ocasión. Minutos antes del Ángelus, el cardenal Stafford, oresidente del Consejo Pontificio de Laicos, lee un mensaje de Su Santidad Juan Pablo II. Tras ello, el vicario general, Antonio Domínguez Valverde, procedía a dar lectura al decreto de coronación, fechado en la festividad de Santas Justa y Rufina.

Los seises son los encargados de llevar la presea en representación de Sevilla, la madrina del histórico acontecimiento. A las 12:09 horas, Amigo Vallejo coronaba canónicamente a María Santísima de la Estrella, misma hora a la que cada año repican las campanas de la capilla en Triana recordando aquellos instantes tan especiales y emotivos. Suena el Alleluia de Häendel entre las lágrimas de los presentes y los no presentes. Finalmente, los seises cantarían «En las hojas del tiempo», bailando ante la nueva imagen coronada.

La procesión triunfal ponía de nuevo rumbo a Triana a las 19 horas, cuando la Puerta de San Miguel se abría ante la Cruz de Guía, precedida entonces por la Banda de Cornetas y Tambores de la Presentación al Pueblo de Dos Hermanas. El cortejo contaba con representación de las hermandades sevillanas y participantes en el Congreso Internacional. El arzobispo realiza la primera llamada al paso de palio dentro de la Catedral, despidiéndose de Nuestra Señora de los Reyes. Con Estrella Sublime se ponía dirección hasta el Ayuntamiento hispalense, donde devotos de San Cristóbal de la Laguna habían preparado una alfombra con lava volcánica. Alfredo Monteseirín, entonces alcalde de la ciudad, dirige unas palabras ante la Virgen de la Estrella, realizándose ofrendas florales tanto desde la corporación religiosa como municipal.

Momentos especialmente emotivos se vivirían en el barrio de la Magdalena. En el andén de San Pablo esperaban las hermandades de la parroquia, por donde transitaría el palio de la Estrella hasta entrar en la Capilla de Montserrat, poniéndose frente al Crucificado de la Conversión. Tras una lluvia de pétalos en la calle San Pablo, en Reyes Católicos la Virgen de la Estrella se giraba hacia un devoto enfermo, colmando de plegarias a la dolorosa. Tras ello, la Hermandad del Baratillo recibiría a la corporación en Pastor y Landero. Metros antes de alcanzar el Puente de Isabel II, en la frontera entre Triana y Sevilla, José González Luna giraba el paso de palio en una vuelta de 360 grados para decir el último adiós a los sevillanos. Volvía a sonar Estrella Sublime.

La hermandad volvía a casa en las primeras horas de la madrugada. La Estrella Sublime ya estaba en Triana, coronada por Sevilla. En la calle San Jacinto se descubría un azulejo conmemorativo, obsequio realizado por la Hermandad del Rocío de Triana. También las restantes corporaciones del arrabal habían ofrecido sendos regalos a la cofradía, como las distintas medallas corporativas. Tras nueve horas de emociones, rozando las cinco de la mañana, la dolorosa entraba en su sede canónica nuevamente a los sones de Estrella Sublime y entre una lluvia de pétalos, como cada Domingo de Ramos. El sueño de Triana y de Sevilla se había consumado.