El viejo costal, Opinión

De costaleros y mala gente…

Hoy toca hablar de costaleros y de la mala gente,  a pesar de lo que pesan las palabras cuando salen de quien conoce bien el costal, y lamentablemente, a la mala gente.

He visto a un héroe, un costalero,  único que se atreve en la calle a decirle con cierta vehemencia, a un grupo de piropeadores, que a golpe de gritos manifestaban la grandeza de la Virgen de los Dolores del Cerro del Águila de Sevilla. Este hombre les echaba en cara que “tenían preparado un repertorio desde la salida”, además le añadía que “no habían parado en ningún momento”,  llegó a pedirle “respeto”, y es que estas personas actuaban en cada señalado momento entre los sones de la banda de las Nieves de Olivares, y yo lo entiendo, lo entiendo a la perfección.

Un aplauso puede ser una forma de agradecer un detalle, una maniobra de cierta dificultad e incluso una respuesta a un alarde de la cuadrilla, de la misma manera, alguna exaltada y gritada muestra de amor, bueno, pase.

También he visto como un costalero en nuestra vecina ciudad de Jaén, en las proximidades de la calle Llana, mostraba, de forma involuntaria, unas manchas descoloridas en su camiseta, sobre su espalda, sobre el bordado del nombre de su Bendita Titular “Rosario”, hasta diez gotas pude contar, eran de una sustancia corrosiva arrojada en la mencionada calle del Barrio de la Alcantarilla a la titular, por una anónima mano, al parecer la salpicadura llegó hasta esa venerada cordobesa, la Virgen del Rosario, que se dirigía al convento de las MM. Dominicas, donde finalizaba su recorrido.

Ya hemos hablado de los costaleros. Unos pacientes, otro no tanto, y es que el agobio por el calor del abrazo ardiente de la gualdrapas, por el esfuerzo inmenso, y por niveles altos de adrenalina, y exceso de testosterona, a lo que debemos sumar muchas emociones a flor de piel, un costalero, ceñido por estas condiciones, pueden dar como resultado que pase cualquier cosa.

Especialmente si viene alguien a romper la armonía existente en toda salida de un titular a las calles, unos por exceso de cariño, otros por exceso de odio, si, odio, aunque no lo crean, es que existen todo tipo de personas, incluso algunos que no son cofrades, y otros que odian cualquier cosa relacionada con la iglesia, algo que debemos considerar  como una cierta realidad.

Hemos ido incrementando las salidas de forma exponencial, hasta el extremo que todos los fines de semana se nos presentan un número considerable de posibilidades en nuestra ciudad y en las que nos rodena, pues de la misma forma se irán incrementando este tipo de desagradables altercados.

Altercados  que debemos saber gestionar, y aprender a evitar, con nada más ni menos que esa gran olvidada que es la educación, con esa otra que es la cultura cofrade, en unos casos. En otros con infinita paciencia, pero evitar que estos nos transformen en mala gente, o en héroes, todos estamos aquí por lo que estamos. Unos solo creen que para disfrutar,  y los otros también.  ¿Tú sabrías decirme porque estamos aquí?