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Verde Esperanza, 💙 Opinión

Como cuando un paso de palio se pierde en la lejanía…

Déjenme confesar que la imagen que más nostalgia causa en mi vida es ver un paso de palio alejarse de espaldas en una calle estrecha, con la intimidad de la noche como testigo de excepción, meciendo sus bambalinas en un perfecto e hipnótico compás sobre el argénteo vaivén de los varales. Siempre que veo cofradías en la calle, cuando toca irse para casa, reconozco que no puedo evitar darme la vuelta y detenerme en la lejanía durante unos segundos para presenciar esa imagen que tanto me conmueve, en un esfuerzo por almacenar con mimo todos los recuerdos que se acaban de sumergirse en el océano de la memoria. Una última petición a la imagen bajo palio antes de que se pierda en la lejanía: hasta el año que viene si Tú quieres. 

La malograda pandemia nos ha partido el corazón de muy diversas maneras, por desgracia. Vidas que terminaron cuando no tocaba, familias rotas por el dolor, ilusiones truncadas, la economía hecha trizas y situaciones limítrofes en lo que respecta al bolsillo son algunas de las devastadoras consecuencias de la crisis sanitaria que, por desgracia, nos está tocando vivir. 

La vida ha cambiado de forma drástica, nadie lo duda, y las hermandades no son una excepción. Obligadas a suspender cualquier tipo de culto público y a modificar los internos, las cofradías se encuentran ante un horizonte incierto, vistas las noticias sobre cuándo estará la situación controlada y, por tanto, cuándo podría retomar el pulso la vida ordinaria no solo de las corporaciones religiosas, sino de cualquiera que haga uso de los espacios públicos y congregar masa social. 

Algo como lo que narraba al principio es lo que siento en esta época oscura que toca vivir. Tengo la impresión de haber visto cómo se alejaba un paso de palio envuelto entre las tinieblas y tribulaciones de nuestro más radiante presente, pero no por ello éste deja de brillar como un ascua de luz resplandeciente. Trato de esforzarme en recordar la magia que supone la presencia de cualquier hermandad en la calle y no puedo evitar sentir nostalgia de ella. Más aún con lo gris que se presenta el panorama en el más inmediato futuro, con cualquier tipo de salida procesional en entredicho a corto y quizá medio plazo.

Esta vez, igual que cuando me doy la vuelta como narraba antes, también es momento de detenerme en la serenidad de la lejanía y de separar nuestro camino de forma momentánea, aunque no en el pensamiento ni en el corazón, hasta que vengan tiempos mejores, y especialmente de no dejar de rezar a las imágenes de nuestro corazón que hacen de puente con la divinidad. Nuestros caminos volverán a encontrarse en la calle, no me cabe duda, porque seguimos esa luz que destella tu palio en la penumbra actual. Lo dicho: hasta el año que viene si Tú quieres, y si no, recuerda que te esperaría una vida, porque mi vida eres Tú.

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