La nueva imagen completa un proceso de recuperación iniciado hace más de cuatro décadas tras el incendio que arrasó el templo en 1978
La iglesia de la Merced de Córdoba, antigua sede del convento mercedario y uno de los hitos arquitectónicos más relevantes del patrimonio cordobés, recupera finalmente la plenitud de su retablo mayor con la incorporación de una nueva imagen de San Antonio Abad, obra del escultor e imaginero José Antonio Cabello Montilla. Este gesto simbólico marca la culminación de un proceso de reconstrucción iniciado hace casi medio siglo, tras el devastador incendio intencionado que destruyó la iglesia en 1978.
El presidente de la Diputación de Córdoba, Salvador Fuentes, ha subrayado durante el acto de presentación la dimensión histórica de esta intervención, destacando que “culminamos una tarea colectiva, en la que han confluido la voluntad de muchos gobiernos y el trabajo sostenido de técnicos, artistas y artesanos”. Fuentes ha recordado que en 2014 se reabrió el templo al culto y que ahora, once años después, se da por finalizado el conjunto del altar con la colocación de las dos imágenes que faltaban: San Lorenzo y San Antonio Abad.
Por su parte, la delegada de Presidencia, Gobierno Interior y Vivienda, Marta Siles, ha querido reivindicar el carácter simbólico de este hito, asegurando que “con esta talla se cierra una herida abierta en la memoria colectiva desde 1978, un largo recorrido de reconstrucción en el que han intervenido escuelas taller, programas de formación profesional y equipos multidisciplinares comprometidos con la defensa del patrimonio cultural cordobés”.
La imagen recientemente entregada representa a San Antonio Abad siguiendo fielmente la iconografía tradicional del anacoreta egipcio. Según ha explicado su autor, la escultura está inspirada en la talla desaparecida durante el incendio que consumió el antiguo retablo. Con una altura de 1,80 metros, la figura combina elementos de gran riqueza técnica y estética: cuerpo en telas encoladas, busto y manos tallados en madera de cedro real, policromía al óleo en las carnaciones, y un suntuoso estofado en oro fino, siguiendo los motivos ornamentales diseñados por Eduardo Corona. El dorado se ha ejecutado mediante la antigua técnica del estofado de tímpano de huevo, habitual en las grandes piezas de la imaginería barroca.
José Antonio Cabello, formado en la Escuela de Artes y Oficios Mateo Inurria, perfeccionó su técnica en la Escuela Taller La Merced, precisamente en el módulo de talla y dorado impulsado por la Diputación, lo que aporta a esta creación un valor simbólico añadido: la nueva imagen nace del mismo proceso formativo que ha permitido la resurrección artística del templo.
La restauración del retablo ha sido una empresa de largo aliento. Desde los primeros pasos dados en 1978, se ha recurrido a distintas generaciones de artesanos que, bajo el amparo del Servicio de Patrimonio de la Diputación, han abordado la reintegración progresiva de los elementos litúrgicos y decorativos destruidos por el fuego. El resultado es un conjunto que no solo restituye el esplendor perdido, sino que lo transforma en testimonio vivo de una comunidad capaz de restituir su herencia cultural desde las cenizas.





