Córdoba despide entre lágrimas y emoción a Fray Ricardo, «el apóstol de la devoción popular»

La ciudad de Córdoba ha despedido entre lágrimas y emoción, este sábado para la historia, a uno de sus hijos más ilustres, reconocidos, admirados y queridos, a uno de los artistas y oradores cordobeses más importantes del último siglo, Fray Ricardo de Córdoba, cuyas exequias han tenido lugar en una abarrotada Iglesia Conventual del Santo Ángel, popularmente llamada Capuchinos, en la que no cabía un alma. «Un apóstol de la devoción popular», como se le ha denominado en varios pasajes de una emotiva ceremonia, cuajada de miradas brillantes, llanto desbordado y sentimiento a flor de piel.

La eucaristía, que ha contado con un cuarteto de músicos de la banda de música de María Santísima de la Esperanza, que ha interpretado fragmentos de marchas procesionales dedicadas a dolorosas muy vinculadas con Ricardo, ha estado concelebrada por más de quince sacerdotes, venidos de distintos lugares de la geografía capuchina y presidida por el ministro de la provincia bética de la orden. Todos ellos han esperado en el altar, flanqueado por numerosos estandartes corporativos de distintas cofradías vinculadas sentimental y artísticamente con el genial capuchino, la entrada del féretro a hombros de algunos de los más allegados del fallecido. Un templo en el que abundaban representantes de cofradías de toda Andalucía, familiares y amigos, que han querido orar juntos por el alma de Ricardo Olmo.

Fray Francisco, que fue superior de la casa capuchina en Córdoba, ha recordado que la vinculación de Fray Ricardo con los Capuchinos nació de la vecindad; no en vano su casa estaba a escasos metros de este centro neurálgico de la religiosidad popular de la ciudad de Córdoba que es la plaza de Capuchinos. El superior ha desgranado algunos de los hitos de la biografía del incombustible capuchino, a través de una sentida semblanza, en la que ha habido sitio para las anécdotas, como el hecho de que fuese trasladado a Antequera donde puso en marcha una auténtica escuela de arte en el convento y donde tuvo lugar, según el propio Ricardo recordaba entre bromas, la primera huelga de pinceles caídos a consecuencia de que no llegaba el material que se precisaba para desarrollar su labor, o el hecho de haber sido el único sacerdote que ha predicado ocho veces la Novena de la Esperanza Macarena, pasando por aquello que repetía Ricardo, de cuando en cuando, de que le hubiera gustado morir atropellado por el palio de la Macarena en la Campana.

Fray Ricardo ha sido recordado en la ceremonia como un predicador notable que centró su ministerio en la religiosidad popular y artista, que comenzó su andadura a través de la pintura al óleo y la decoración del camarín de la Divina Pastora de Sanlúcar. Un genio neobarroco que centró su trabajo en el diseño cofrade, que consideraba una oración y alabanza a la Virgen. Paco ha recordado como era habitual verle dibujar en el convento, tirado en el suelo y como en alguna ocasión alguna monja bordadora llegó a decir que Fray Ricardo las iba a volver locas por pretender que plasmasen lo que en sus dibujos creaba. Anécdotas que han logrado que buena parte de los asistentes esbozaran una sincera sonrisa, recordando, probablemente, miles de ocurrencias vividas junto a esta persona inolvidable, única e irrepetible. Por su parte, el ministro provincial de la orden ha enfatizado que Fray Ricardo ha sido siempre, a lo largo de toda su existencia, alguien muy querido y cercano, que «aunque hoy nos una su muerte, mucho antes nos unió su vida. Una persona que ha pasado por la vida haciendo el bien, lo mejor que puede decirse de cualquiera»; «Ricardo convirtió a la Virgen en el centro de su fe», ha subrayado.

Al término de la ceremonia, Antonio Villar ha dedicado a Fray Ricardo, su mentor y su amigo, unas encendidas palabras afirmando que «ahora estás en el Cielo con tus rotuladores de dibujo y sé, conociéndote como te conozco, que algo estarás tramando». Villar ha reconocido haber recibido de Ricardo «tantos sabios consejos que la palabra gracias se queda corta». «Nos quedamos huérfanos de tí, pero haremos que tu arte este presente día a día. Nos dejas un legado por el que, entre todos, velaremos. Te mereces el aplauso universal del mundo cofrade por tu dedicación incalculable, ha concluido. Palabras emocionadas que han sido despedidas con un sentido y largo aplauso en recuerdo de Fray Ricardo de Córdoba, en sencillo homenaje a un auténtico artista multidisciplinar que ya forma parte imperecedera de la memoria colectiva de Córdoba, de Andalucía y de todo el Universo Cofrade. Descansa en Paz, Ricardo.