Para aquellos que tenemos la gran dicha de vivir en el Valle del Guadalquivir, parecía que el verano no terminaba. Como se conoce popularmente “el verano del membrillo”. De repente e inesperadamente, como viene siendo habitual en esta zona geográfica, hemos tenido que echar mano de los abrigos, de la manta, de las bufandas, de la ropa de lana, instalar aquellos aparatos que dan calor y volver a los lugares donde se está a salvo del frío y a donde abunda el calor. En estos sitios, seguramente, durante estos días, hemos quitado el polvo a nuestra corona de adviento, a los adornos que comienzan a sacarse del fondo del almario o del trastero para estas fechas y como no, revisado y medio preparando, la joya que va a decorar en estas fechas que se avecinan. Las casas, los adornos, las luces y las figuras que vamos a poner en nuestro portal de Belén.
En nuestros lugares cálidos, donde estamos a gusto, los símbolos externos señalan a un denominador común, y más concretamente a una persona. Me estoy refiriendo, como todos sabemos, a Cristo. Parece que todo gira alrededor de Él. Las estaciones del año, nuestros tiempos, nuestras fiestas y tradiciones. Me atrevo a decir, incluso, nuestra identidad como pueblo. Como esto es una realidad, la Sagrada escritura lo refleja así “recapitular en Cristo todas las cosas del cielo y de la tierra (Carta de los Efesios 3,10)”. Como no, la Sagrada Liturgia de la Iglesia, siempre está en orden hacia Cristo, y para el mejor provecho de los bautizos propone la Solemnidad de Cristo Rey. De esta manera, concluye el ciclo litúrgico, en donde hemos podido contemplar, a lo largo de este tiempo, todos los misterios de Nuestro Señor Jesucristo y como fuimos redimidos, a través de la sangre de nuestro Rey.
Este reino, no es como nosotros humanamente podemos pensar, desear o anhelar. Así, se lo hizo saber nuestro propio Dios a Poncio Pilatos “Mi reino no es de este mundo (Juan 18, 36)”. Podemos comprobarlo, a la perfección, en estos días, mediante una tendencia y moda consumista compulsiva llamada “Black Friday”, como nos quieren vender en otros lados o incluso en otras parroquias, se cuecen cosas que no se deberían de cocer. Nuestro mundo camina hacia una dirección, y el Reino de Nuestro Señor hacia el camino estrecho y angosto que conduce hacia la felicidad eterna.
Entonces, nos viene a la mente ¿Dónde Cristo quiere ser el rey y reinar? Ese lugar, es tu alma y espíritu. Y todo ello a través de: nuestra inteligencia, reconociéndolo como verdad; en nuestra voluntad, para que todos nuestros actos vayan dirigidos y encausados hacia instaurar el Reino de Nuestro Señor; nuestro cuerpo, el cual ha sido ungido y marcado para la eternidad por los oleos santos, en nuestro bautismo y confirmación, para servicio del reino.
A lo largo del tiempo, hombres y mujeres, movidos por el Espíritu Santo, luchando con toda clase de dificultades y contratiempos, han demostrado la realeza de Cristo, manifestándose a favor de sus derechos reales y lo han tratado como Rey verdadero. Todo ello, en silencio o con música, han sacado a Nuestro Señor de nuestros templos, hacia nuestras calles, plazas y avenidas, siendo testimonio para los no creyentes, así como para él mundo entero y gritando en voz alta y al unísono: “Viva Cristo Rey”.





