Domingo de Ramos, 6 de abril de 1941. Córdoba se disponía a sumergirse de lleno en una Semana Santa cada vez más prometedora y los poetas Antonio Arévalo García y Miguel Salcedo Hierro, el actor Pepe Griego García y José Luis Sánchez Garrido se dejaban llevar por ello en mitad de una charla, retransmitida a través de la denominada Radio Córdoba, que comenzaba así:
Otro año más en este mismo estudio de Radio Córdoba, frente a este micrófono que tiene para mí evocaciones verdaderamente sentimentales, y que irá unido a los recuerdos más gratos de mi vida. Y precisamente en ésta iniciación de la Semana Santa, en este Domingo de Ramos en que ya se respira el ambiente místico; en que ya parece que contemplamos a las mujeres – nuestras bellas mujeres, diosas de carnes de ébano –, enmantilladas, visitando las estaciones, en desfile interminable, de sin igual colorido…Precisamente, digo, en este Domingo de Ramos, acuden a mi mente en desordenado tropel, los recuerdos de tantos días, ahora de feliz evocación para nosotros, pero entonces sumidos en amargura laboriosa y esperanzadora – y es fácil que por eso resalte con más fuerza la satisfacción del triunfo – en que luchábamos ardorosamente porque esta nuestra Semana Santa no se arrancara del corazón del pueblo cordobés, sino, antes al contrario, que se fuera adentrando más y más en su médula, hasta hacerse tan suya, tan unida, tan fuerte, en el sagrario de su pecho, que no hubiese fuerza humana capaz de arrancarla […].
Así comenzaba una tertulia en la que, seguidamente, los allí reunidos comenzaban a recordar las antiguas luchas del pueblo por mantener viva su querida Semana Mayor. Una Semana Mayor sumida en una crisis tan grande, que muchos de ellos estuvieron a punto de desistir de la compleja labor.
[…] Fuertes aires de izquierdismo corrían en la ciudad. Y las primeras – por qué no decirlo – las primeras que habían flaqueado en su tarea de intensificar la Semana Santa eran, precisamente, las Hermandades. Creyeron algunas que su misión se reducía a sacar sus imágenes a la calle. Creyeron muchos cofrades que si las procesiones no volvían a recorrer las vías públicas cordobesas, en manifestación, al propio tiempo de fe, de esplendor, de religiosidad y de arte, su misión en el seno de las cofradías había terminado […].
A partir de ese punto, contaban, se estableció el desorden y el caos y, con ellos, Córdoba hubo de despedirse de la idea de hacer de la Semana Santa de Córdoba una celebración grandiosa, digna del pueblo que así la deseaba y que había sido heredero de grandes devociones y extensas historias.
[…] Y precisamente, por eso os decía hace unos momentos que éste micrófono tiene para mí recuerdos sentimentales imborrables. A él vine yo en la noche del 13 de abril del año 1935, para hablar de Semana Santa. Antes ya había realizado una campaña en un periódico local, que dio sus frutos. Y aquel año, no digo que merced a mi gestión modestísima, pero sí me enorgullezco de haber contribuido a ello con mi condición de profesional del periodismo, las imágenes volvieron a asomarse a las calles. Y pasaron ante nuestros ojos, la Dolorosa, madre de cordobeses, consuelo tierno de corazones afligidos; la Virgen de las Angustias, reflejo del dolor de la madre y espejo de resignación; el señor del Calvario; la Virgen de la Soledad y el Cristo Caído, imágenes veneradas del “Califa”del Toreo Rafael Molina “Lagartijo”; el Cristo de Gracias…Todos, dando escolta al cadáver del Redentor, pasaron por las calles de Córdoba, llevando tras sí el aliento religioso del pueblo que volvía a manifestarse tal y como era, sacando a luz su corazón, por desgracia envuelto en tan tenebrosas penumbras…
Pero el rayo de luz que para nosotros fue aquella tarde del Viernes Santo del año 1935, vino a ocultarse bien pronto tras las negras nubes de una presunta revolución. Otra vez arreció en nuestra Patria el vendaval del sectarismo más absurdo e incalificable. Y las imágenes volvieron a recluirse en la serenidad de sus camarines. Aquel año 36, tan cerca de la guerra, cuando el ambiente era agobiador e irrespirable, solo la Hermandad de la Virgen de las Angustias hizo el alarde, que muchos tacharon de provocación temeraria, de hacer estación. Y no pasó nada. El corazón del pueblo salió de nuevo a flote. Yo puedo decir que fue para mí, uno de los días más emocionantes de mi vida. Porque el triunfo que íbamos logrando en nuestro recorrido, la admiración pública, exteriorizada a nuestro paso, por las calles, estrechas del barrio de San Agustín o por las amplias avenidas de la ciudad moderna, no eran solamente admiración hacia nuestro gesto, sino que lo considerábamos como el más rotundo de los triunfos de nuestros ideales, que eran los ideales de la España que días después había de defenderlos como nosotros lo hicimos aquella tarde y como lo hizo el pueblo cordobés, que se agolpó, entre fervoroso y emocionado en torno al paso deslumbrante de la Virgen de las Angustias… […].
Así, los comentaristas recordaban, emocionados, tiempos pretéritos cuando ya se hallaban inmersos en un nuevo proceso de renovación a través de la intensificación de salidas procesionales, de la creación de nuevas hermandades y el progreso de las ya existentes.
Las más recientes llegaban cargadas de ilusión y entusiasmo, con la fuerza y la energía propia de las generaciones más jóvenes, decididas a hacerse un hueco en nuestra Semana Santa. Una Semana Santa que, años atrás, en aquel año de 1941 comenzaba con la alegría propia de un Domingo de Ramos:
[…] Precisamente dentro de pocas horas, habrán salido a la calle los primeros nazarenos. Los rojo y negro de la Caridad; los blancos de la Paz; los blancos y verdes de la Esperanza…La severidad de un hábito, contrastando con la alegría optimista de otro. El desfile ordenado de la Caridad y la nota simpática, el girón popular de los gitanos, “bailando” a su Virgen morena, en el barrio de la Pescadería. Piropos y saetas. Ambiente religioso de corazón y alma. Habrá Semana Santa cordobesa. Hermanos: de vuestro entusiasmo y de vuestro tesón depende. Quien ahora os habla, cofrade, como vosotros, tiene como satisfacción íntima la de haber emborronado muchas cuartillas sobre el mismo tema. Este micrófono que tengo delante me recuerda, como ya digo, fechas adversas que se acusan más con el triunfo. Triunfo, sí, de la Semana Santa cordobesa. De nuestra Semana Santa. ¡Arriba, pues, los corazones! […]





