Cruz de guía | El Sábado de Gloria clama por procesiones

La continua reflexión sobre la profunda crisis por la que pasan algunas hermandades que procesionan en jornadas plagadas de cofradías en las ciudades que andan pidiendo a gritos la habilitación de una nueva jornada procesional que pueda descongestionarlas, continúa siendo, muy probablemente, la solución más factible para resolver la vicisitud que está condenando a muchas corporaciones.

El Sábado Santo es, por excelencia, el día del silencio, de la espera, de la soledad y del luto. Es el día que media entre la muerte de Cristo y su gloriosa Resurrección. La liturgia de la Iglesia subraya el carácter único de esta jornada, una pausa sagrada en la que la devoción se vuelca en la meditación del sepulcro. Es precisamente este profundo simbolismo el que a menudo se esgrime como principal argumento para mantener esta jornada libre de procesiones.

Sin embargo, el continuo sinsentido que manifiesta la Iglesia de acuerdo con la disparidad de decisiones en las diferentes Diócesis de Andalucía suma un punto de desesperación por no conocer el criterio a seguir y que motiva la continua negativa de no poder procesionar durante la jornada del Sábado Santo. La prohibición en Jaén y otros lugares se percibe, por tanto, no como una defensa del silencio, sino como una limitación a las hermandades, muchas de ellas de carácter serio y, por lo tanto, sin capacidad para atraer a las masas en muchos aspectos que acompañan a la piedad popular tales como la música o la vistosidad de las coreografías de algunos pasos. Las hermandades del Santo Entierro o de la Soledad, generalmente suelen ser las más afectadas por la estancia en días como el Viernes Santo, jornadas que acumulan demasiadas hermandades en ciudades con poca masa social y que sufren de una congestión generalizada y poco margen de enriquecimiento para algunas de estas hermandades.

Habilitar el Sábado Santo no sería una ruptura con la tradición, sino la respuesta a mantener vivas a las hermandades más antiguas y que procesionan en una de las jornadas más representativas de la Semana Santa. Una jornada de la que ya poco se puede estrujar y que antaño esplendorosa, hoy puede ser la tumba de estas corporaciones.