Una jornada en la que volvió a brillar el sol en el ocaso de la memoria. La luz cegadora de la esfera celeste abrió paso a la procesión más gloriosa del año y contribuyó a desvanecer la incógnita del líquido elemento que ya había asolado la salida del Santísimo Sacramento en el jueves del Señor.
Jesús Sacramentado regresó a las calles de Linares con el radiante fervor de la muchedumbre que navega en un nutrido cortejo incapaz de opacar las más que superlativas carencias de una efeméride aislada en el calendario cofrade de la ciudad. Pero hoy no vengo a emitir una crítica acérrima sobre la más que inoperante capacidad de los responsables de una procesión que, si bien no tuvo que preocuparse por el riesgo precedente de chubascos intermitentes, hizo aguas por todas partes como bien reseñaron muchos de los allí presentes.
En este particular Cruz de guía, vengo a destacar la inapelable decisión que tuvieron los dueños particulares de las sobrecogedoras tallas de los geniales artistas, Antonio Bernal e Israel Cornejo, de postrar a los ojos del pueblo aquellas dos efigies que han llegado para reencaminar, sin duda, el rumbo de la imaginería devocional en nuestra ciudad.
Les hablo de las tallas de Nuestro Señor Jesucristo del Amor Despojado de sus Vestiduras y María Santísima de la Trinidad. Un soplo de aire fresco en el trabajo de la madera celestial que ha desembarcado en la ciudad de las minas y que provocado una auténtica cascada de devoción no solo en el altar que han ocupado durante el desarrollo de la procesión del Santísimo, sino también en durante los días previos en el Convento de las Hermanas de la Consolación.
Y es que, son muchos los fieles que han dejado entrever la emoción que enclavan la nueva imagen de Bernal, la capacidad de conmover que posee el dulce rostro dolorido del Despojado y el llanto afligido de Su Madre en una estampa pocas veces vista en la ciudad, y la belleza de una lámina enmarcada en un altar frente al Amor de los Amores. Un vuelco al corazón derramado en el anhelo de verlos alguna vez pasear por las calles de Linares.
Sin duda, la calidad artística de ambas imágenes ha tenido mucho que ver en la acogida que han recibido en la ciudad y la apuesta segura sobre dos de las grandes figuras de la imaginería andaluza ha pesado y mucho en el mundo cofrade linarense que añora la posibilidad de seguir aumentando el patrimonio cofrade, así como la ampliación de la limitada escenografía que cada año renueva su pujanza con el pueblo linarense bajo la luna de nisán. El tiempo dirá si ese sueño se convierte en realidad.





