La suerte que tenemos… Muchos de los que habitamos esta tierra hacemos la misma reflexión cuando nos da por conversar en clave de música. Sí, la música en Linares es inherente a la naturaleza de nuestra Semana Santa. Con un voluminoso pack de formaciones musicales de toda índole, ameniza con una calidad excelsa los sentidos de cofrades, espectadores y curiosos durante cualquier día del año.
Hoy me entero de la desaparición de otra gran formación musical y me doy cuenta de que muchas veces no sabemos valorar el preciado y lujoso patrimonio que poseemos. Me aturden las dificultades económicas que relatan muchas de las Cofradías que se ven envueltas en un cambio de formación musical y lo difícil que es encontrar una banda asequible calidad/precio en un mercado muy atomizado y me sigo repitiendo- «la suerte que tenemos»-.
Y es que la banda sonora linarense muestra la riqueza que años atrás hemos anhelado. El patrimonio y la diversidad de estilos musicales que nos proporcionan esa versatilidad tan codiciada en otros lares nos proporciona esa capacidad de conferir una idiosincrasia propia a cada hermandad, desde la melancoía y la soledad que transmite la música de capilla hasta el impacto acústico y ensordecedor de las cornetas y los tambores pasando por la sinfonía de las agrupaciones musicales, la ternura de las bandas de música y la peculiaridad señera de las bandas de cabecera.
Muchos se preguntan, ¿cómo es posible que esa calidad musical emane de una ciudad tan pequeña?. Quizá la repuesta, querido lector, este en la necesidad de transformar y diversificar. La creación de un buen ecosistema musical que genere estilos muy diferenciados llegó para atraer multitudes al mundo de la música cofrade. Lo que muchos llaman sonidos estridentes y sin sentido, otros vieron un poso de creación y crecimiento en un estilo tan linarense como son las bandas de cabecera.
De manera intrínseca a la historia de la ciudad, la evolución de nuestras bandas en los últimos años las llevó a acudir a la llamada del olimpo de lo excelso y lo sublime. Dio frutos a un trabajo que hoy perdura a través de generaciones, incluso en las horas más bajas de la ciudad, como un ave fénix renacida del más oscuro abismo, en silencio, sin llamar la atención, sin polémicas, solo trabajo. Trabajo a veces muy ingrato pero siempre bajo el influjo de la necesidad de dotar a nuestra Semana Santa de una banda sonora acorde a la calidad de sus imágenes y a los tiempos que corren.
Qué suerte tenemos…





