Sevilla, 💚 El Rincón de la Memoria

¿Cuál es la verdadera Virgen de la Antigua y Siete Dolores?

Las últimas investigaciones llevadas a cabo arrojan luz sobre una dolorosa que se encuentra en la Iglesia de Santiago

La Semana Santa perdida continúa estando presente en el silencio de los cenobios y la grandiosidad de los templos. Allí duermen no solamente legajos de corporaciones desaparecidas sino también imágenes que gozaron de un gran esplendor y que hoy en día resisten como pueden al paso del tiempo. Algunas en mejor estado de conservación que otras, pero todas indispensables para entender la Semana Santa de hoy. En el caso de las devociones de antaño la Virgen de la Antigua y Siete Dolores es probablemente la imagen mariana que mayor fervor aglutinó de cuantas recorrieron las calles durante la Semana Mayor. Así lo atestiguan los escasos documentos que se conservan, que contienen además algunas de las salidas que protagonizó en rogativas, como la de 1680 o 1736, saliendo también en 1706 por la Guerra de Sucesión. Llegó a gozar de tal importancia que reyes como Felipe II y su hijo, Felipe III, formaron parte de la nómina de hermanos. Fue, junto con la del Santo Crucifijo de San Agustín, la que más fervor aglutinó durante la época.

La desaparecida cofradía de la Antigua, Siete Dolores y Compasión residió en la capilla que hoy ocupa la Hermandad de Montserrat. La gran devoción del siglo XVII, titular de una corporación que hacía estación de penitencia en la tarde noche del Jueves Santo y cuyo Nazareno es el actual de la Candelaria, acabó cayendo en el olvido durante las primeras décadas del XIX. Con la llegada de la invasión francesa muchas corporaciones acabaron extinguiéndose y sus bienes vendidos a otras hermandades o en manos de la Iglesia. La que aquí abordamos aguantó unas cuantas décadas más, hasta 1766, último año en el que acude a la Catedral, si bien no contaba ya con la fuerza de tiempos pretéritos.

Detalle del exterior de la Capilla de Montserrat

La Virgen de la Antigua y Siete Dolores que se encuentra en la Parroquia de la Magdalena, en actitud implorante ha venido atribuyéndose a Pedro Roldán —su realización se fecha a mediados del XVII—, aunque algunos estudiosos creen que podría ser del círculo de Andrés de Ocampo, remitiendo a las similitudes que guarda con la Virgen del Descendimiento que se encuentra en la Parroquia de San Vicente. Tras la extinción de la hermandad, la imagen, a la que Palomino definió como “la devoción de toda Sevilla”, se vería relegada a un segundo plano y superada por incipientes devociones que comenzaban a forjarse un futuro. El palio que la cobijó durante décadas acabó llegando a la Hermandad del Valle, quien lo adquirió en 1805. Martínez Alcalde manifiesta que la dolorosa arrodillada al pie de la Cruz de la Magdalena habría salido de la gubia de Pedro Roldán, quien la habría ejecutado tras su regreso de Granada, observándose en los rasgos de la dolorosa características más afines a la escuela granadina que a la sevillana. Pero nuevas teorías rebaten esta tesis, apuntando que una dolorosa que se encuentra en la Iglesia de Santiago, sede de la corporación del Beso de Judas, fue la que aglutinó la devoción de los sevillanos.

Virgen de la Antigua y Siete Dolores de la Parroquia de la Magdalena

Antonio Torrejón Díaz alumbró nuevas teorías sobre la Virgen de la Antigua y Siete Dolores. Buscando en archivos, observando diversas láminas y grabados, la imagen parecía no ser la que hasta entonces se había creído. Defiende que Roldán realizó esta Virgen de los Dolores que se conserva en la Iglesia de Santiago, pero que, al tener constancia del contrato como tal, se identificó como suya la Virgen arrodillada de la Parroquia de la Magdalena. Y es que la Virgen de la Antigua y Siete Dolores que se encuentra en el citado templo sería la primitiva imagen pero no la barroca que gozó de gran esplendor. Entonces se abre otro interrogante, ¿cómo llegó la imagen desde el convento de San Pablo hasta el templo de la Redención? Según sus investigaciones, el Arzobispado se habría hecho cargo de la imagen, enviándola posteriormente hasta la Iglesia de Santiago.

Esta tesis es hoy apoyada por la mayoría de los historiadores, dado que los documentos no dejan lugar a dudas. Uno de ellos recoge que tras la peste que asoló Sevilla en 1649 la corporación del Jueves Santo decide cambiar a sus titulares. Un inventario fechado en 1673 recoge que Pedro Roldán realizó la imagen de la Virgen, por lo que la dolorosa que se encuentra en la Magdalena sería la primitiva, siendo posteriormente sustituida por la que está en Santiago.

La dolorosa de Santiago

La Iglesia de Santiago el Mayor acoge un importante patrimonio. A los titulares de la Redención hay que añadir imágenes de una importante calidad artística como la Virgen de la Esperanza, titular de una hermandad desaparecida, o la propia dolorosa que aparece en la nave de la epístola, cobijada en un retablo barroco. De rodillas, con las manos entrelazadas, se trata sin duda de una de las mejores representaciones de dolorosa en la capital hispalense. A sus pies aparece un letrero donde se recoge “Retablo de la Virgen de los Dolores”, exponiendo a continuación que “La imagen se atribuye a Benito Hita del Castillo, siguiendo el modelo de la Virgen de la Antigua y Siete Dolores de la Parroquia de la Magdalena. Siglo XVIII”. Con una altura de 1,20 cm., los historiadores sitúan su hechura a mediados de la centuria dieciochesca. Junto con Antonio Torrejón Díaz, José Luis Romero Torres es otro de los estudiosos que atribuye su hechura a la gubia de Roldán.

Virgen de los Dolores de la Iglesia de Santiago el Mayor

De gran calidad artística, el dinamismo de la talla puede apreciarse gracias a múltiples elementos. La rodilla izquierda descansa sobre un cojín, provocando un quiebro que arquea toda la imagen. Sus manos entrelazadas se dirigen también hacia esta dirección, a la altura del pecho, mientras que la cabeza se gira levemente hacia la derecha. La imagen está ataviada con una túnica con motivos florales, ceñida por el cíngulo, que luce al estilo hebraico.

Una mera observación basta para apreciar los desperfectos que presenta esta talla. Apenas puede percibirse el color azul intenso de un manto que se recoge bajo su brazo derecho. Dado que la corporación del Lunes Santo es la concesionaria del templo, sería también la que se encarga del mantenimiento del mismo, así como del importante patrimonio que posee. Luque Teruel declara que esta imagen tendría que tener el lugar que se merece, a pesar de no ser actualmente titular de ninguna hermandad. Recuerda que al igual que la Hermandad de San Roque se hace cargo de mantener viva la devoción al Santo Crucifijo de San Agustín, la de la Redención podría hacer lo propio con un icono que fue centro de las miradas de los sevillanos en etapas pasadas.

“Mater Dolorosa”, la exposición que compartieron las dos imágenes

La Virgen de la Antigua y Siete Dolores durante la exposición «Mater Dolorosa»
La Virgen de la Antigua y Siete Dolores a los pies del crucificado de Santa Cruz

Las dos titulares de una misma corporación formaron parte de una exposición organizada por la Archidiócesis de Sevilla y las Diócesis de Cádiz, Huelva y Jerez en el Año Mariano de 1988. La Caja San Fernando ofreció su sede, situada en la Plaza de San Francisco, para llevar a cabo una muestra que acogió dolorosas no solamente de la capital sino también de la provincia, como la Virgen de los Dolores de Osuna o la de los Dolores de Carmona. Del 17 al 6 de marzo ambas imágenes pudieron ser presenciadas en una misma ubicación. La primera de ellas lo hizo como aparecía en el grabado de Juan Felipe, con siete grandes puñales y tarjetas alegóricas al significado de cada cuchillo, conformando una gran ráfaga que fue ejecutada por Fernando Marmolejo. Fue la última vez que salió de la Magdalena en el siglo XX, haciéndolo con anterioridad en los primeros años de la década de los años veinte, cuando acompañó al Cristo de la Misericordias de Santa Cruz, en la tarde noche del Martes Santo.

Palomino, Ortiz de Zúñiga, Arana de Varflora, González de León o Gestoso son solo algunos de los historiadores que abordaron en sus obras el pasado glorioso de una devoción mariana que lo fue todo para los sevillanos en el siglo XVII y parte del XVIII. Hoy forma parte del pasado, esperando que en un futuro se ponga en valor la valía artística de esta obra, y quién sabe, si también se despierta su devoción.

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