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El Rincón de la Memoria, Sevilla

Hermandades que apenas dejaron rastro

A pesar de que las corporaciones han cuidado su patrimonio tanto histórico como documental a lo largo de los siglos, la existencia de capítulos devastadores para la población también dejaron sus huellas en las hermandades, provocando la desaparición de documentos e incluso la extinción en el peor de los casos. Son tantas y de algunas hay tan escasos datos que hoy en día no se conoce con exactitud cuántas han formado parte de la religiosidad popular sevillana.

Entre las que desaparecieron son bien conocidas la de la Antigua, Siete Dolores y Compasión, la del Santo Crucifijo de San Agustín o la del Lavatorio de Nuestro Señor Jesucristo, Santo Cristo del Mandato y Madre de Dios del Pópulo. También hay bastantes documentos sobre la cofradía del Santísimo Cristo de la Sangre, Nuestra Señora de la Candelaria y San Juan Bautista, como el libro de reglas que todavía se conserva, o la del Despedimiento de Nuestro Señor Jesucristo de su Santísima Madre, Santo Cristo de las Virtudes y Dulce Nombre de María, de la que formó parte la dolorosa de Los Estudiantes. Abundante información hay también sobre la cofradía de la Sed de Cristo, Nuestra Señora de las Maravillas, Congregación del Sacratísimo Rosario y Patriarca San José -fundada en San Marcos y advocación recogida por el titular cristífero de la Hermandad de penitencia con sede en la Parroquia de la Inmaculada Concepción, en Nervión-. En el viejo arrabal nos encontramos con la Cofradía de Nuestra Señora del Buen Viaje y Santísimo Cristo del Socorro, imágenes que todavía encontramos en la Parroquia de Santa Ana, o la del Santo Ecce-Homo y Nuestra Señora del Camino.

Titulares de la hermandad del Lavatorio

Pero, ¿qué datos existen de la cofradía del Santísimo Cristo del Perdón, y Pura y Limpia Concepción y de la Oliva. Se sabe que nació auspiciada por el decreto que promulgó Carlos I con la finalidad de promover entre el pueblo la devoción a la Purísima Concepción de María, llegando esta influencia en los territorios que bajo aquella época estaban bajo el dominio de los Austrias. Por tanto, la América española también recogió el testigo y surgió la llama en defensa de la virginal concepción de María. Se conoce que ocupaba el puesto número diecinueve de las veintidós que asistían a la procesión del Corpus y que sus reglas fueron aprobadas por el Cardenal Fray Francisco Jiménez. Tuvo que gozar de gran esplendor, tanto que incluso la reducción de cofradías que se lleva a cabo en 1623 no le afectó en absoluto.

Según recogen los historiadores, fue fundada en el convento Casa Grande de San Francisco, sufriendo una grave crisis tras la epidemia de peste que asoló la ciudad en 1641. Menguada la nómina de hermanos, se redujo a hermandad de luz. Sí se conoce, en cambio, que las imágenes eran un Señor con la cruz a cuestas, ayudado por Simón de Cirene y una dolorosa que era acompañada por San Juan. Su espacio estaba localizado en una capilla del coro, al lado de la nave del Evangelio y allí permanecieron hasta que el convento fue derribado. En su obra más conocida, Bermejo asegura que las imágenes acabaron en casa de un particular y que de ahí pasaron a un pueblo. Pero, ¿de qué imágenes se trata? ¿Continúan hoy en día recorriendo las calles durante Semana Santa? Son interrogantes que todavía no han encontrado respuesta.

González de León así como Bermejo recogen también que la Imperial cofradía del Santo Crucifijo y Purísima Concepción de Nuestra Señora, con sede en el convento de Regina Angelorum, nació gracias al empuje que Carlos I quiso dar a la defensa del dogma de la Inmaculada Concepción. Se conservan las reglas, entre las que encontramos un fragmento donde se señala que tenía hermanos de sangre y luz y que las mujeres podían pertenecer a ella pero no podían formar parte de la estación de disciplina. La procesión tenía lugar la noche del Jueves Santo y visitaba diversas iglesias, algo habitual en la época. En su caso, se trataba de San Juan de la Palma, la Magdalena, San Pablo, la Catedral y El Salvador. Incluso los gastos relativos a las celebraciones realizadas en la mañana del Domingo de Resurrección nos hacen pensar que aquellos fastos contaron con una gran afluencia de público siendo bastante conocidos.

Cristo de la Buena Muerte

Tras alternar épocas de esplendor con otras donde las crisis acuciantes hicieron mella, la invasión francesa acabaría asestándole un duro golpe, lustros después de que las nuevas reglas le fuesen aprobadas por el Consejo de Castilla, el 30 de diciembre de 1796. Convertido el cenobio en cuartel, la corporación marcha hasta San Martín, donde acaba fusionándose con la hermandad Sacramental, Santa Espina y Ánimas Benditas de la parroquia. Si se conoce que la Virgen fue colocada en el altar del Sagrario, más escasos son los datos del Santo Crucifijo de Regina, del que no se conoce su paradero.

Una de las corporaciones que más corta existencia tuvo fue la cofradía del Cristo de la Buena Muerte y Nuestra Señora de la Soledad. Tras la desaparición de una pequeña capilla que se encontraba al final de la calle Feria, pasaron a Omnium Sanctorum, haciéndose cargo de las imágenes la Sacramental del templo, hasta mediados del siglo XIX. Conformada por miembros pertenecientes al gremio de los jaboneros, pretendieron hacer estación de penitencia al templo metropolitano en la década de 1880, no habiendo constancia de que así fuese. Las reglas que nos han llegado nos muestran once capítulos, donde se recoge que su estación de penitencia debía realizarse la noche del Miércoles Santo. En Omnium Sanctorum fueron colocadas sobre un retablo dedicado a Nuestra Señora de Gracia. Un crucificado, una dolorosa y un San Juan Evangelista que acabaron pereciendo en los disturbios de la guerra civil.

En lo que respecta a Triana, la cofradía de Nuestra Señora del Rosario -también conocida como de las Cuevas- y Sangre de Jesucristo fue fundada por individuos de raza negra en un hospital que existía en la calle Castilla en 1554. Hacía estación de penitencia la noche del Jueves Santa a la real parroquia de Santa Ana, acudiendo el Domingo de Resurrección hasta el monasterio de la Cartuja. Aprobadas las reglas en 1584, se suma al pleito ya iniciado años atrás por la del Rosario del convento de San Pablo y la del Rosario de Monte-Sión. Fue entonces cuando se decide que el título de Nuestra Señora del Rosario sea exclusivamente utilizado por la del convento de San Pablo, pasando la de Monte-Sión a titularse “Misterios Dolorosos y Sagrada Oración en el Huerto” y la que nos ocupa, “Nuestra Señora de las Cuevas”.

La reducción de hospitales de 1587 provoca que esta cofradía acabe encontrando una nueva sede, en este caso en la ermita de Nuestra Señora de la Candelaria. La cofradía de negros de Triana no tiene reflejo en la procesión del Corpus, por lo que debería de atravesar una situación complicada. En el siglo XVIII no consta que realizase estación de penitencia a la “Catedral” de Triana, por lo que la imagen del crucificado y la de Nuestra Señora del Rosario tuvo que desaparecer a principios de aquella centuria.

Nuestra Señora del Buen Viaje

Otra de las más desconocidas de Triana es la hermandad de la Tentación de Cristo en el desierto y Nuestra Señora de los Peligros. Se conoce que acabó unida en 1658 a la cofradía de Nuestra Señora del Buen Viaje y Santísimo Cristo del Socorro. Bermejo afirma que hacía estación de penitencia en la tarde del Jueves Santo, aunque antes se baraja la posibilidad de que las imágenes eran procesionadas en primer domingo de cuaresma. Existe tal desconocimiento que no se sabe en qué templo residió ni cómo eran la disposición de las imágenes en sus andas. Sí se conoce, por el contrario, que comienza un periodo de decadencia a finales del siglo XVII.

Otra corporación existió en el barrio de San Sebastián, cuyo hospital daba culto a una imagen del santo. Situado próximo al espacio que hoy ocupa la iglesia de los Remedios, acabó fusionándose con la cofradía de la Sagrada Entrada de Jesús en Jerusalén y María Santísima del Desamparo, en mayo de 1688. Esta última vio aprobadas sus reglas el 4 de mayo de 1666, según recoge Justino Matute. Los historiadores fijan su estación de penitencia en la tarde noche del Domingo de Ramos, existiendo todavía datos de su existencia en 1751, ya que pide insignias a la hermandad de las Tres Necesidades para efectuar su salida. Con la invasión francesa es destruido el convento, a excepción de la iglesia. Tras la exclaustración de 1835 termina llegando hasta la iglesia de los Remedios. Pero en 1868, tras el decreto de la Junta Revolucionaria, que cierra este templo, se ponte punto y final a esta corporación.

Menos noticias existen relativas a la cofradía del Santísimo Cristo de la Pasión y Muerte y Nuestra Señora de la Parra. Asistió a la procesión del Corpus -por primera vez- en 1628, según nos narra Justino Matute. Hacía estación en Viernes Santo, ocupando el penúltimo lugar. J. Alonso Morgado relata que el nombre de la titular podría haberse tomado de la imagen que con el mismo nombre se venera en La Rinconada o de alguna población próxima al santuario, y que vino a sustituir a la anterior, destruida durante la guerra civil. La desaparición de esta hermandad debió producirse tras la peste de 1649. En 1868, año que da inicio al Sexenio Democrático, el crucificado y la dolorosa se encontraban en la parroquia de la O.

Otra de las cofradías de la que se tiene pocos datos es la de Nuestra Señora del Desconsuelo. Bermejo declara que fue fundada por un grupo de jóvenes bajo la advocación de Nuestra Señora de la Soledad, pero que tuvo que cambiar su nombre debido al pleito con la Soledad de San Lorenzo por la utilización del mismo nombre. Una vez cambiada su denominación, cesó un pleito que la sumió en una profunda crisis. Hacía estación en la jornada del Viernes Santo, ocupando el último lugar, aunque no le correspondía por antigüedad, pero la lógica llevó a pensar que era el puesto que mejor le convenía dado el misterio a representar. Se encontraba en Santa Ana cuando terminó desapareciendo, a principios de la década de los cuarenta de la centuria decimonónica.

Como afirmamos al principio de este artículo, todavía es ardua tarea el poder elaborar un catálogo que recoja todas las corporaciones existentes desde su fundación. Las hubo solo de un carácter, de luz o penitencial, aunando ambos… También que no realizaban culto externo o que salieron en contadas ocasiones. En contraposición a estas, nos queda un importante acervo documental que nos sirve para trazar las líneas de aquellas que tuvieron especial importancia durante siglos pasados.

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