Córdoba, Galerias

Cuando enmudece la ciudad

Cerraba este Lunes Santo la Hermandad del Remedio de Ánimas con la solemnidad y la sobriedad que siempre imprime la cofradía de San Lorenzo. Con la estampa del recogimiento, aparecía por el dintel de la Iglesia la misteriosa imagen del Cristo Muerto en la Cruz que, con su paso a ruedas, inunda de sentido el segundo día pleno de hermandades en la calle.

Enmudece la ciudad al paso del cortejo de Ánimas, convocando a la oración del espectador que, casi sin pretenderlo, termia mimetizándose son el cortejo orante que impone el encuentro cara a cara con la realidad que a todos nos aguarda, y presenta, al mismo tiempo, a Jesucristo como el único asidero al que anclarse cuando la muerte nos reclama.

Tras la presencia del Remedio de Ánimas, imponente, indescriptible e inabarcable, aún más impresionante con el sonido del “Miserere” que con su llegada todo lo envuelve, Nuestra Señora Madre de Dios en sus Tristezas, que envuelta en el “Stabat Mater” derramaba su dolor en el peculiar baldaquino que arropa el llanto desconsolado de la Madre de Dios.

Con casi una hora de extraño retraso sobre el horario previsto, la cofradía retornaba a San Lorenzo para dar por terminado un Lunes Santo de ensueño, en el que todas las cofradías rayaron a una gran altura, destilando el aroma inconfundible de las cosas bien hechas y dulce regusto de haber presenciado probablemente el día más completo de todo el ciclo en la ciudad de Córdoba.