Córdoba, Galerias

Poderío y elegancia por obra y gracia de la Hué

A primera hora de la tarde, la Hermandad de la Estrella avanzaba desde la Huerta de la Reina hacia la zona Centro de Córdoba en la que se adentraba a través de Eduardo Dato, tras una apoteósica salida al corazón de su barrio y un brillante discurrir por los Jardines de la Agricultura, que Córdoba entera conoce popularmente como «de los Patos». La excesiva distancia entre algunas parejas de nazarenos, en algunos puntos del recorrido, fue quizá la única nota a mejorar de una puesta en escena soberbia, de un nutrido cortejo; una distancia excesiva que afeaba la imagen que tanto cuida la cofradía.

Se adentraba en el corazón de Córdoba el espectacular misterio de la Redención, comandado por Juan Rodríguez Aguilar, y con un originalísimo exorno floral, dejando atrás el sol que, de manera extraordinaria, se hiciese presente en la jornada de este Lunes. En la estrechez del entorno de la Catedral, quedó patente el incuestionable poderío que atesora la cuadrilla del misterio de quien vino a redimir al Universo, donde Caifás acusa a Jesús, metáfora perfecta del miserable e inhumano mundo en el que habitamos, en el que condenamos la virtud y elogiamos la necedad. Tras el Señor, la siempre impecable Agrupación Musical de la Redención que, año tras año, mantiene inalterable el nivel que durante tantos años atesora y que remata el conjunto procesional.

Del mismo modo, María Santísima de la Estrella, derrochando esa infinita elegancia de la que ha dotado a su caminar su capataz, Rafael Giraldo, seguía los pasos del misterio llegando puntual a la entrada de Carrera Oficial a través de unas calles que presentaron bastante más público que la primera jornada de nuestra semana mayor, una realidad probablemente influida por la desaparición de la incertidumbre que asoló algunas franjas horarias del día precedente y que denotó el ansia de cofradías que se hallaba latente en la ciudad.

Especialmente notable fue la entrada en Carrera Oficial a los sones de Estrella Sublime, instantes en los que el buen hacer de la cuadrilla costalera, regaló a los asistentes destellos de sabor muy especial. Maravillosamente bella la dolorosa de San Fernando, vestida magistralmente por Manuel Jiménez, bañada en ese azul que preside su palio y caminando dulcísima, al compás de la Banda de Música de Nuestra Señora de la Estrella que, a lo largo de todo el recorrido, interpretó un cuidado repertorio elegido con especial mimo.