De un tiempo a esta parte, el que coincide con la irrupción de partidos como Vox y la salida de los socialistas de casi todos los ayuntamientos importantes de Andalucía, una moda se ha ido imponiendo en torno a las cofradías. Y esa no es otra que la presencia de un político del partido de turno en cualquier tipo de acto. Estando más presentes que la propia Agrupación o Consejo del lugar correspondiente.
En especial, eso de acudir hasta lo que popularmente se conoce como “entierros de tercera” se ha convertido en el santo y seña del partido antes mencionado, ya que sus antagonistas (o socios en algunos consistorios), el PP, ostentan el mando y lo “normal” es que la corporación, los que mandan en ella, sí acudan al acto o a la procesión, aunque en algún punto haya intercambio de varas, por aquello de la agenda.
Pero el tema de la formación verde se ha tornado en un acto reiterativo y, hasta cierto punto, perjudicial para las propias hermandades, ya que la cita se desvirtúa entre tanto banco reservado y fotografías más propias de la crónica de un pleno que de un acto puramente cofrade.
Todo sirva para dar muestra de un apoyo y una catolicidad que se elevan al grado superlativo, a sabiendas de que el interesado (perjudicado) no alzará la voz, aunque sepa de sobra que le hace más mal que bien ese exceso (como pasa con las extraordinarias, lo del exceso) y que los “invitados” no son Juanma Moreno.
Y es que el actual Presidente de la Junta de Andalucía no solo ha hecho bandera de las tradiciones (cofradías incluidas), sino que lo ha realizado con obras concretas y subvenciones determinadas. Amén de que su presencia en cualquier acto desata el cariño profesado a un líder de estado. Y, tal vez, cuando se den cuenta de ello los imitadores (que, de camino, aprovechan la más mínima para atizar a Moreno, incluido lo cofrade si es preciso) comience a pasar la moda de acudir a cada acto y la medida sea algo más prudente.





