La vida es un constante ejercicio de aprendizaje y evolución. Todo debe evolucionar en medida a los tiempos que corren, asociaciones de fieles incluidas.
Asumimos que las tradiciones son como son y no deben cambiar, pero si se puede amoldar a lo que la sociedad de hoy en día nos acusa de ser. Nos llaman retrógrados, prehistóricos -lo más amable- cuando quizás somos las hermandades las que prevén y notan del cambio social. Son las bolsas de caridad las que primero notan las crisis ante la enorme demanda de sus recursos, sean alimentos, ropa o hasta los materiales escolares.
Si algo puedo criticar de nuestras hermandades es la opacidad con la que muchas realizan sus actividades e incluso sus cultos, cuando lo que ha de hacerse es abrirse a la sociedad, dar a conocer lo que realmente hace una hermandad. Muchas cofradías nacieron en su día como cofradías de ánimas o para honrar la figura de Cristo y a su vez para garantizar una buena sepultura a ese hermano, y algunas personas -incluso de dentro de la propia hermandad- piensan que deben seguir así, mientras van muriendo lentamente ante la falta de hermanos.
El culto a Cristo no debe esconderse como intentan muchos que hagamos, la celebración de una creencia es como aquel que públicamente festeja los goles de la selección nacional de fútbol.
Pese a ponerme hoy prácticamente como un seminarista, no dejo de lamentarme de aquellas personas que conciben la hermandad como cortijo donde hacer y deshacer a su antojo, cuando lo más importante son los titulares y los hermanos, de nada vale una hermandad si no sigue sus reglas, de nada sirve una hermandad en la que los que mandan no atienden las necesidades de sus hermanos y solo se fijan en su particular propósito, sea cual fuere.
Cantan muchas veces esas monjitas hijas de Sor Ángela cuando abren sus conventos a los misterios en Semana Santa «Abrid las puertas a Cristo», las Hermandades deben abrir las puertas a la sociedad para no acabar siendo exclusivamente los que una semana al año sacan unos pasos a la calle y el resto del año no exista.





