Sevilla se ha vuelto a inundar de Esperanza por obra y gracia de la Madre de Dios y los sevillanos han recorrido los rincones de su idiosincrasia buscando refugiarse en las pupilas infinitas de aquella a la que rezan desde niños amparados en sus más hondas tradiciones, como ha peregrinado nuestro compañero Benito Álvarez, para reflejarse en su mirada y dejar testimonio gráfico con esta espectacular crónica gráfica de más de 100 fotografías. Como preámbulo de la llegada del Salvador, el mundo entero se ha vuelto a detener ante la intensa mirada de quien desciende del firmamento para entregarse de manera incondicional a sus hijos, para servir de asidero perpetuo a quienes más precisan de Ella, de ancla eterna en la zozobra de la tempestad, de guía espiritual y de luz imperecedera que conduce al auténtico paraíso en el que reina la palabra, la verdad y el amor inabarcable del mismísimo Dios, que quiso nacer de su vientre para precipitar su maná en el espíritu colectivo de todo el universo.
En estos días, en los que la tragedia se multiplica por cada uno de los rincones que conforman este mundo miserable que nos ha tocado vivir, Ella, la Esperanza, se erige en salvavidas de toda la humanidad, en oasis en el desierto en el que el odio ha convertido el planeta y en divino alimento para las almas hambrientas y desoladas. Sevilla entera se ha inundado de Esperanza, una vez más, en el Plantinar y en San Roque, en Triana y en la Trinidad y junto al arco que es pórtico de la Gloria y puerta de acceso al mismísimo Cielo, por obra y gracia de la Madre del Salvador, de la Madre de Sevilla y de la Madre del mundo entero.





