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Miradas bajo el cubrerrostro, 💙 Opinión

¿Cuestión de cantidad?

Llevamos un rato caminando, uno tras otro, siguiendo a la Cruz que nos marca el Camino hacia el Templo. Pero todo no es avanzar, pues el alma también necesita de momentos de calma y de parada para descansar y tomar fuerzas. Y aunque el nazareno está deseando seguir su Camino por llegar impaciente, el costalero necesita más que nadie ese descanso cada poco tiempo. Ellos son quienes realmente necesitan rellenar de fuerza sus almas y cuerpos para continuar cargando con el templo ambulante que portan sobre la cerviz. Y el Camino tenemos que hacerlo todos juntos, pues todos formamos la Comunidad de Dios. Y uno no tienen sentido sin los otros… ni los otros sin los unos. Ni unos más… ni otro menos.

En esta nueva ocasión para la reflexión, el nazareno se sorprende escuchando el comentario de quien, sin reparar que quien está bajo el cubrerrostro es una persona con oídos y vista, mantiene animada conversación con su acompañante. Iba a ser una nueva ocasión para perder la mirada en la llama del cirio y fugarme con mis pensamientos, pero la conversación me mantiene allí.

«… tienes que apuntarte a TU hermandad nueva del barrio… Ya tenemos encargada la Imagen de la Virgen y el diseño de los varales. Cuando lo tengamos todo terminado vamos a dar un pelotazo en la Semana Santa…»

Yo, que me considero nazareno y penitente, de los que procuran no distraerse con casi nada, y no desviar mi mirada de quien me antecede, no puedo evitar girar la cabeza hacia quien habla, esperando encontrarme a un par de chavales en plena efervescencia hormonal cofrade, que exudan incienso por sus poros y que cuando se resfrían su nariz hace un sonido de solo de corneta propio de Tres Caídas… vamos, el modelo básico de cofrade ávido de priostía y de costal.

Pero cuál es mi sorpresa al encontrarme a dos hombres, no precisamente con edad de comenzar a pedir trabajo en el mundo de abajo, sino más bien con aparente edad como para contar con bagaje en el mundo de las cofradías. Y comienzo mi reflexión, sabiendo que, nuevamente, voy a dejar la corrección política a un lado… pero a un lado bastante alejado; sin embargo, como es sólo una reflexión que no va a salir de mis pensamientos y no me va a oír nadie…

Vamos a ver… apúntate a TU nueva hermandad del barrio. Hermandad que ni tan siquiera tiene aún una Imagen a la que rendir culto y que debiera ser el alfa y el omega del sentido de esa Hermandad, Pro-Hermandad o Asociación de Fieles.

Pero ¿por qué ese afán tan acentuado en los últimos años de querer crear cofradías y fabricar devociones sobre cimientos tan vanos? ¿por qué habiendo gente con tantas ganas de hacer algo por la Semana Santa (o eso quiero pensar) no lo hacen en alguna de las 38 cofradías que ya existen? ¿realmente existe la necesidad, y lo que es más importante, la capacidad de seguir aumentando la nómina de hermandades en nuestra Semana Santa?

Quien me conoce sabe que no soy una persona, al menos en el ámbito cofrade, que se mantenga estancado en los adagios populares siguientes: «Esto siempre se ha hecho así» o «Esto nunca se ha hecho así». Al contrario, soy una persona a la que le gusta la creatividad en la solución a planteamientos, pues siempre es bueno salirse un poco de los esquemas para encontrar salidas a situaciones siempre solventadas de la misma manera. Pero eso no quiere decir que esté de acuerdo con todo tipo de innovación o que me guste salirme de los cauces lógicos y tradicionales que han hecho de nuestra Semana Santa lo que es hoy.

Cuando en alguna ocasión me han planteado el siguiente argumento: «es que en ese barrio nunca ha habido una hermandad», suelo responder con la misma afirmación: «pregúntate por qué». Y la respuesta no suele ser que se trate de un barrio de nueva creación con una inquietud cofrade desbordante, pues es en barrios de raigambre antigua en los que están comenzando a germinar estas nuevas agrupaciones de fieles. Entonces, ¿qué hace que en puntos tan dispares de nuestra ciudad se estén proyectando cofradías, se hayan encargado hechura de Titulares, y se hayan diseñado nuevos bordados para palios y mantos futuros? Yo tengo mi opinión al respecto, y que suele confluir en casos de personas pertenecientes (o hasta hace un tiempo pertenecientes) a Hermandades y Cofradías ya existentes, con una más o menos dilatada Historia, que no han podido o no les han dejado desarrollar su afán, su idea o, en algunos casos, su ego en su Hermandad de cuna. Así, al crear yo MI Hermandad tengo campo para desarrollar todo eso que mis antiguos hermanos no han sabido valorar. Y si de paso entro en la micro Historia cofrade como Fundador de…

Y es entonces cuando se comienza a construir la iglesia por el campanario, provocando mucho ruido de campanas, pero sin unos muros y pilares que lo sostengan.

El siguiente problema, en el que no suelen caer estos creadores o, en el peor de los casos, caen pero les da igual, viene a la hora de encajar en los itinerarios y horarios del día elegido de la Semana Santa a esa nueva cofradía que viene desde… y que viene a hacer Estación de Penitencia a la Santa Iglesia Catedral. Entrando con calzador, haciendo valer «sus derechos y preferencias» sobre horarios de salida o de entrada, etc.

No es una cuestión de cantidad, sino de dotar de calidad y de esencia a las cofradías ya agrupadas y que procesionan por nuestra ciudad. Hay mucho donde expresar ideas y trabajar, muchas devociones a las que dirigirse y venerar. No se soluciona la Semana Santa con más cofradías habiendo ya algunas que no superan o alcanzan a duras penas los 150 nazarenos. No se soluciona con un nuevo paso de Misterio y acordando el fichaje de capataces superstars que te llenen las cuadrillas con costaleros multisalida.

Y por supuesto, y más importante, para tener siempre muy presente y claro el sentido de todo esto, no se soluciona absolutamente nada, más bien al contrario se banaliza todo, forzando la devoción a una Imagen que aún no existe y que ya ha sido bautizada con una advocación llamativa y que, por supuesto, aún no exista.

Insisto, hay muchas hermandades, demasiadas quizás si tenemos en cuenta la población de nuestra ciudad, y en especial la población cofrade de nuestra ciudad, como para seguir creciendo en cantidad y rebajando la calidad de lo que procesiona en nuestra Semana Mayor. Salvo que la finalidad sea la de poner mi pica en Flandes (cámbiese por mi barrio) y sentar mis poderes cofrades en un terreno aún baldío.

Me alejo de los dos cofrades rezumantes de ego, no sin antes advertir que también les adorna la práctica del deporte básico e innato de todo aquél que gusta llamarse cofrade: la crítica a la cofradía que está viendo. Hoy se irán a dormir sintiéndose más importantes y, quién sabe, elevando sus oraciones a un Señor o a una Virgen a la que aún no le pueden poner cara.

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