La antesala de la Semana Santa, y para algunos el comienzo de la misma, se vive el Viernes de Dolores. Y, en el caso de Córdoba, la plaza de Capuchinos se convierte en el epicentro de la fe, como puede comprobarse cada año, cuando la emisora de la Iglesia, traslada su sede a dicho enclave.

Un ejemplo de la repercusión que las grandes devociones marianas de Córdoba despiertan, como se puede comprobar en las largas colas que se forman para entrar a San Jacinto, para postrarse ante Nuestra Señora de los Dolores.

Pero, sobre todo, la hilera de devotos aumenta frente a la iglesia del Santo Ángel, donde el besamanos de la Virgen de la Paz y Esperanza desata pasiones, que aumentan cada año y que dan la medida de la dimensión espiritual y humana que arrastra la cofradía del Miércoles Santo.
También se ve en la nave de Capuchinos, donde también se hallan las imágenes del Císter, lugar donde se ha dejado ver el vicario general de la diócesis, Jesús Daniel Alonso.






