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El viejo costal, Opinión

De las ofensas y los ofendidos, de las miserias y los honores

Ya pasadas fechas y calmados los ánimos, voy a hablar de las ofensas, de los ofendidos de las miserias y de los honores, lo que voy a manifestar desde estas torpes líneas no le va a gustar a todos, y lo siento por los que de verdad son amigos, que alguno tengo entre los lectores, pero quizás si me permiten finalizar no estaremos tan distantes en mi planteamiento, con vuestro permiso…

No me ofenden las pinturas, o esculturas de escasa o nula calidad, copiadas de los grandes maestros, con matices y modificaciones aleatorias, que no aportan nada al mundo en general y menos aún al mundo artístico, yo cuando quiero arte o ver obras de un gran artista tengo la mala costumbre de buscar los grandes museos de nuestro país o del resto del mundo. Cuando quiero algo más cercano pues me ciño a “maestros conocidos”, Navarro Arteaga, Francisco Antonio Gijón, Juan de Mesa, Montañés, Pedro Roldán o a mi admirado Antonio Bernal, del que me consta que no le gusta que le llamemos maestro, pero siéndolo, es mejor llamarlo así, aunque su humildad no se lo permita y muestre enfado.

Otros “artistas” sin obra conocida, sin arte en sus obras, solo el momento aprovechado a salto de mata de la última tendencia, de la última noticia, o de los errores de una tendencia política inculta y adolecente de la mínima cultura histórica, mal conocida y menos entendida de que por ser liberal de ideas no se puede ser religioso, olvidándose de algunos magníficos ejemplos de famosos agnósticos, recuerdo ahora al Profesor D. Tierno Galván, quien al ir a retirar de su despacho de alcalde de la capital española el crucifijo, comentó «el Crucifijo no hace daño a nadie, es símbolo de paz» dejando que continuase presidiendo desde el muro su propio despacho.

Verdaderamente nuestra sociedad, que por declaración de su magna carta ha de ser necesariamente laica, pero con el mismo valor la misma carta que así fija la laicidad de nuestra sociedad también fija en su artículo 16 que la Constitución debe garantizan la libertad ideológica, religiosa y de culto, algunos de los derechos más íntimamente vinculados al libre desarrollo de la personalidad.

No es difícil de entender, creo, es laica pero ha de existir libertad en las mismas cantidades para ser a modo personal laico o religioso, y la mal entendida política cree que se ha de estar en contra de la religiosidad personal, o popular en cualquier tipo de manifestación, usando esta tendencia para crear ofensas de distintos modos a los que son religiosos, por ejercer su libertad fijada en el mencionado artículo, por esto vemos obras que raspando el esperpento ni lo son ni pueden aspirar a serlo, el arte es otra cosa lejana y distante de la política de poca calidad, que es la que nos ha tocado vivir.

La mezcla de las dos vertientes de nuestra constitución, por una parte, un estado laico y por otra la libertad de los individuos para poder ejercitar su religiosidad o no, como decía la mezcla de estas dos situaciones ambas válidas y “legales” trae problemas fácilmente justificado por uno u otro bando, “como vamos a permitir un acto religioso en un edificio público” y ya tenemos montada otra obra de arte que ofende a unas de las facciones si se llegase a realizar, miles de pegas, millones de frases en las redes, gritos peleas y luchas inútiles en los foros, pero personalmente lo que de verdad en estos casos me ofende es la distante mirada hacia otro sitio de nuestros representantes eclesiásticos, que deberían “volar” a solventar el tema sin usar para nada un edificio público y laico, regentando por autoridades cortas de miras y con la única idea clara de que estar lejos de la religión cristiana es síntoma de progresismo social, y nuestros regentes, solo señalando su falta de lógica y agilidad.

Que hay quien se ofende por estar embutidos en una sociedad laica, y no autorizar la salida desde un laico lugar, pues a mí no me ofende, lo que de verdad me ofende es que desde la parte de nuestra Iglesia, no se salga en ayuda de estos grupos incipientes de fieles o de las pequeñas e incipientes hermandades, que casi de todo carecen, y no se pongan a su disposición todos y cada uno de los locales religiosos de nuestra ciudad, cada parroquia, cada nave, cada posibilidad hasta agotar la totalidad de ellas y creedme que hay muchas soluciones, me acuerdo de incluso la Mezquita Catedral, que con su nueva puerta diera acogida y salida, pasando olímpicamente de la odiosa política veleta que en ese momento esté pujante.

Más ofendido me siento cuando por lo uno o por lo otro hay quien organiza oraciones conjuntas, o medidas de fuerza para enseñarlas en las calles, me ofende la falta de colaboración de quien puede, para con quien lo necesita. Estas miserias negativas son las que retiran a la gente llana de la religión, abandonemos la política de bajo nivel, que abandonen nuestros representantes las luchas políticas y que ofrezcan todo su vigor a dirigir y vigilar sus rebaños, que no les falte de nada, disfrutando de ese honor y no del miserable brillo momentáneo de ganarle un asalto a un político mediocre.

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