Cruz de guía, Opinión

De Pregones y otros menesteres

El preludio de la Semana de Pasión se efectúa cada año en el difícil arte del verso y la oratoria. Desde el atril, los trovadores narran el sentir que solo se hace latente en el corazón de quien frecuenta este genuino fenómeno pseudoreligioso.

El privilegio de subirse al atril supone un honor formidable para la aspiración de una gran mayoría de cofrades que ven en ello un reconocimiento a toda una selecta trayectoria en el orbe cofrade de cada ciudad o pueblo. Pero ese privilegio no siempre se descarga sobre quienes realmente lo merecen, a veces nos acordamos de aquellos que se fueron y nunca tuvieron la oportunidad de ocupar ese sitio. Lo que nadie pone en duda es que el hecho de ser pregonero te asegura un lugar en la historia de la Semana Santa y en la memoria de los fieles.

Así es como oradores como Rafa Serna en Sevilla o Jesús Saborido deslumbraron al personal sobre el atril en el ocaso del tiempo de la eterna espera y se convirtieron en leyenda viva de la religiosidad popular durante edades en las que la ilusión inundaba unos corazones en los que el miedo no tenía cabida.

Pero en el difícil tiempo del inmovilismo y la sinrazón, ¿cómo se anuncia una Semana Santa sin cortejos procesionales?.

Los que tuvieron oportunidad de pregonar la Semana de Pasión del pasado año podrán contestar a esa pregunta de primera mano. Lo que sí les aseguro es que la complejidad de transmitir un sentimiento lejano y dormido sobre algo que no va a suceder tuvo que azotar a la mente pensante en el siniestro rincón de su escritorio.

Buena fe pudo dar de ello José Ibáñez, pregonero de la Semana Santa de Jaén 2021, en un acto en el que tuvo que manejar los tiempos de la retórica con visos a preludiar algo que no iba a ocurrir y encaminar ese sentimiento al interior del alma del cofrade. Lo hizo con el sosiego y la remembranza de eras perdidas y con la esperanza de avanzar en el calendario hasta donde estamos hoy mismo.

Quizás no fue el pregón con el que muchos querrían ser recordados, pues pregonar el más íntimo sentido de la religiosidad en una Semana de Pasión no es el aspecto que más le atrae al cofrade andaluz, pero si consiguió ser una oración poética diferenciadora que quedará enmarcada en el paso del tiempo.

El honorable arte de la dialéctica también recibe su contribución en el mundo de las Cofradías y deja entrañables momentos para la historia, pero no siempre el orador es el gran merecedor de ese premio y es que el pregón tiene que engrandecer a la Semana de Pasión no al pregonero. Algunos se vanagloriaron de lo contrario y otros lo engrandecieron. Lo que sí es seguro es que los pregones son y serán el alma mater de la Cuaresma, minutos antes de la eclosión de la primavera.