A pesar de vivir en tiempos de pandemia, en una época de malestar social, las Hermandades nos consiguen trasladar a esa normalidad tan añorada por la buena gente bajo el eco de la Semana de Pasión reflejada en la celebración Triduos y Quinarios como actos con metafórica proximidad a lo que puede ser una salida procesional. Un trabajo que las Cofradías propugnan con el objetivo de hacer sentir al cofrade un poco más cerca de su devoción particular y de atraer al no cofrade hacia la liberación espiritual y sentimental que transmite este mundo.
Se cuentan por centenares los cultos y funciones principales que cada fin de semana imperan en nuestras Iglesias, cada uno con una idiosincrasia particular en la forma de adornar, vestir y participar de la fe en una Imagen que representa el motivo central del sentimiento que cada persona guarda en su interior, sentimiento que florece cada primavera con la llegada de la luna de nisán y que tiene su preparación en la celebración de estos cultos como preludio del estallido de emociones que cada Domingo de Ramos se produce en las calles y plazas de nuestros pueblos y ciudades.
Es el tiempo de acondicionamiento del alma en el recogimiento del templo, sin la aparición de bullas o música procesional. El momento de encontrarse íntimamente con el Señor encarnado en la devoción popular de Imágenes y Tallas de madera divina. El momento de preparar el corazón hacia una Semana Santa diferente a todo lo conocido en cada uno de sus instantes, pero que volverá estallar con la alegría y la efusividad de un nuevo Domingo de Palmas.





