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El Cirineo, Opinión

¿Debería cesar la Estrella a Juanma Martín?¿Debería pedir disculpas Juanma Martín a la Estrella?

En las últimas horas, un vídeo, que finalmente ha sido retirado de la plataforma pública You Tube por su propietario, ha propiciado una airada polémica por el vocabulario y las formas con las que un capataz se dirigía a su cuadrilla costalera y manifestaba su enfado públicamente, en plena procesión y ante la imagen del Señor, algo que conviene subrayar, porque una cosa es proferir palabras malsonantes en mitad de la calle o en la barra de un bar, y otra muy distinta es hacerlo representando a la hermandad que ha depositado en tí su confianza.

Se dan varias circunstancias añadidas que han alimentado la polémica, qué duda cabe, derivadas de los condicionantes que antecedieron a su designación y del rechazo que su nombramiento ha generado entre cierto sector de la hermandad. Sí, se trata de Juanma Martín y la hermandad, la Estrella. Probablemente, más allá de la educación que cada cual evidencia con sus comportamientos, determinadas expresiones carecerían de importancia de no desarrollarse en según qué entorno.

Cuando alguien es capataz, hermano mayor u ocupa cualquier cargo público, repito, público, debe cuidar escrupulosamente sus actos, porque no se representa en exclusiva a sí mismo, allá cada cual con la imagen personal que desea proyectar, sino que se convierte en un representante de la hermandad que lo ha nombrado, más aún cuando uno se encuentra en plena salida procesional y con el titular de la corporación delante.

Si un hermano mayor se manifiesta en determinados foros de manera manifiestamente mejorable, entrando en disputas ridículas, debe ser consciente de que, por mucho que pregone lo contrario, y lo haga a través de una cuenta personal en redes sociales, su figura es indisoluble a la hermano mayor y máximo responsable de la hermandad, mientras ejerza el cargo para el que ha sido nombrado. Del mismo modo que un político no puede separar las actuaciones que realice en su ámbito privado y si comete irregularidades, éstas tienen o deben tener consecuencias políticas, un personaje público, como un hermano mayor o un capataz debe extremar la precaución a la hora de desenvolverse, máxime en circunstancias como la que se produjo el pasado sábado.

Y si se ha errado, se deben asumir responsabilidades, dimitiendo si así lo estima oportuno o pidiendo disculpas, como mínimo, a los hermanos de la cofradía, que pueden haberse sentido ofendidos por determinadas expresiones proferidas en presencia de su Señor y representando a su hermandad. Una disculpa que debería producirse con urgencia, antes de que este domingo, se vuelva a ejercer como capataz de la cofradía. Equivocarse es humano, rectificar, de sabios. Y perdonar la obligación de cualquiera que se considere cristiano y cofrade.

Pero si estas disculpas no se producen, entonces la junta de gobierno de la hermandad debería tomar cartas en el asunto, sentando las bases para que situaciones como éstas no se vuelvan a producir, ni el próximo domingo ni mucho menos en el futuro, adoptando de manera inflexible las medidas que considere oportunas, reprobando lo sucedido, públicamente o en privado, y advirtiendo a quien corresponda que no son tolerables. O cesarle si es preciso. A fin de cuentas está en juego el nombre de una de las hermandades más populares y queridas de la ciudad de Córdoba y eso está muy por encima de cualquier individuo. ¿Ustedes qué opinan?

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