El viejo costal, 💙 Opinión

Del calendario y sus cosas…

En estos días, últimos del tiempo ordinario, cuando estamos llegando al tiempo de adviento, viene con ello a decirnos nuestro calendario que estamos próximos a la Navidad, ya vamos viendo en las calles que se van colocando las piezas de alumbrado, las tiendas habituales de nuestras familias se llenan de dulces y especialidades navideñas, alfajores, bombones, miles de dulces, siempre acompañados del clásico polvorón, esa especialidad de harina, que se deshace nada más entrar en nuestra boca.

Y en estos días viene la sociedad a vestirse toda de paz y amor, de calles resplandecientes de luces, llenas de escaparates a rebozar de miles de cosas susceptibles de ser regaladas o al menos compradas, pero la realidad de estas fechas dista mucho de la aparente felicidad implantada por nuestra forma de ser, o mejor dicho de vender o comprar.

Sí, ya sé que muchos dirán que es el tiempo de la venida de Nuestro Señor Jesucristo, el principal motivo de estas fiestas, pero vuelvo a recordar que venir vino, pero vino, creo que para otra cosa, nada relacionado con el especial punto de vista comercial y mercantil de la actualidad.

Sí, ya sé que muchos dirán que es una fiesta familiar de entrañable tradición, fecha de unirse en familia, familias que nunca han sido separadas, de paz, de paz donde nunca hubo guerra, de ayudar a los demás, donde nunca se ayudó a nadie, salvo con las tradicionales operaciones kilo, donde todos corremos a participar de forma casi miserable, y es que cada uno lava su conciencia cómo quiere o puede.

Sí, ya sé que muchos dirán ya está como siempre, ofendiendo a los lectores, soy consciente y hasta responsable, pero si no tengo razón, demuéstrame lo contrario.

Sí, ya sé que hay personas necesitadas, quizás no de alimentos, quizás no de luces en nuestras calles, quizás solo necesitan de un abrazo, un sencillo y simple abrazo, quizás solo necesitan unas migajas de amor, derramadas desde el centro de nuestro corazón y directas a su corazón, sin pasar por apariencia alguna, sencilla y directa ocasión de dar un poquito de amor, o mejor dicho, de Amor, ¿debería decir de Navidad? Aún tengo esa duda.

Sí, ya sé que la comida, los regalos, la paz, son cosas destacadas del tiempo de Navidad, pero creo que el Amor por nuestros semejantes también, así que este año solo voy a esperar de todos los que me rodean, un regalo sencillo, simple, directo, fácil y de lo más barato, quiero darte y que me des un sincero abrazo, y luego si quieres te sientas a mi mesa y compartimos lo que en ella haya.

Como cada año, todo el que quiera está invitado a mi casa y mesa, a celebrar la venida de Nuestro Señor, eso si este año, con la única condición de amar, de amar, de verdad a tu semejante, tanto como si tú mismo fueras, y creerme no es nada sencillo, y es que la Navidad, aparte de ser cosa del calendario, es también la más difícil de las fiestas cristianas.

Ahora, en este tiempo que viene de adviento, debemos de preparar nuestra Navidad, ya saben poner el Portal de Belén, adornar algo la casa, quizás un árbol, alumbrado, y que nunca se nos olvide, poner más Amor, más Amor, mucho más Amor, y verás como desde el pesebre habrá quien sepa agradecerte tu esfuerzo, y tu capacidad de entender la Navidad.

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