El Martes Santo de 2026 tuvo lugar un esperado reencuentro en la ciudad de Granada, siendo una jornada muy castigada por la climatología durante los últimos años. Por fin sus cofradías pudieron salir por las calles nazarís, para deleite de los cofrades del lugar.
Si hay una cofradía con solera tal jornada es la de la Humildad, conocida popularmente como la Cañilla, que además presentaba una importante novedad, un recorrido absolutamente imperdible por las calles del Realejo y de Granada, que dejó momentos para la posteridad, como el transitar por la calle Salvador, el Pasaje Diego de Siloé y el regreso por las calles del Realejo.
Y lo cierto es que esa impronta del venerado titular cristífero no sería lo mismo sin el contrapunto acústico de la Agrupación Musical del Dulce Nombre de Jesús, propia de la cofradía. Más aún con el condicionante de la exponencial evolución de la formación musical desde aquel Martes Santo de 2023, cuando sus sones se hicieron escuchar tras la Cañilla. Mucho, muchísimo, ha cambiado en la banda, y todo a mejor.
La formación vive en la actualidad una auténtica época dorada de la que, por fin, pudo ser testigo la Granada cofrade. Un aumento considerable de componentes, un repertorio musical exquisito, especialmente en lo que se refiere al estilo propio que se ha venido vertebrando durante los últimos años, y una calidad sonora incuestionable hasta para quienes han venido negando el pan y la sal a la banda, que han debido claudicar y rendirse a la evidencia.
Las agrupaciones musicales, en general, viven una época de esplendor, en la que diversas formaciones de nuestra tierra se encuentran a un nivel muy alto. Tal es el caso del Dulce Nombre. Así, con un nivel tan bueno en este género, un aspecto plenamente diferenciador es el del repertorio propio que se mencionaba anteriormente. Por profundizar en ello, dos muy buenos ejemplos de la brillantez de este aspecto en la formación nazarí los encontramos en la carrera oficial de dos de las cofradías a las que sus acordes acompañaron, además con estilos diferentes: un crucificado que va de frente, y un misterio con cambios, hecho que da fe de la versatilidad de la formación musical. En primer lugar, el Cristo del Amor de La Línea de la Concepción el Viernes Santo, que realizó su carrera oficial de manera íntegra con marchas propias. Un total de nueve composiciones del Dulce Nombre se hicieron escuchar entre la calle Real y la Plaza de la Inmaculada: «Memorias del Realejo», «Mi Dulce Nombre», «En tu Amargura», «Leyendas de Humildad», «Al Señor de la Cañilla», «Jesvs», «En el Nombre del Señor», «Amor a una Madre» y «Al Señor del Mercao». Como dato adicional, siete de estas marchas son de reciente composición, hecho que viene a refrendar el crecimiento del sello personal de la banda en los últimos tiempos. En cuanto a la marcha «Jesvs«, de Alejandro Pérez Portí, director musical de la banda, es, a juicio de quien escribe, uno de los grandes estrenos del género de la agrupación musical de este año. Un auténtico derroche de contrastes, potencia y brillantez de principio a fin. Por otra parte, uno de los momentos clave del magnífico misterio de la Misericordia de Almería el Domingo de Ramos, su transitar por la espléndida Catedral, contó con el color acústico de tres marchas propias como «Jesvs», «Memorias del Realejo» y «Al Señor del Mercao». Otro momento interesante fue el transitar por la calle Tiendas, con obras como «Kenosis», de Ignacio García Pérez, o «Al Compás de la Humildad», de José Manuel Sánchez Crespillo. Autores de primerísima calidad, a los que se unen otros como Javier Cebrero, Pablo López Lomas o el propio Alex Pérez Portí, que confirman la férrea apuesta por el repertorio personal de la banda.
En definitiva, lo vivido esta Semana Santa en general viene a ser la confirmación de que la Agrupación Musical Dulce Nombre de Jesús ha alcanzado su madurez musical. La simbiosis entre la música del Dulce Nombre y la Cañilla o cualquiera de las otras cofradías a las que ha brindado sus sones a modo de oración ya no pasa desapercibida a nadie. Ya no se trata solo de una formación que acompaña con solvencia a cualquier hermandad, sino de una institución musical con una identidad sonora definida y un patrimonio de marchas propias que, tal y como se ha visto en Granada, Almería, La Línea, Vélez-Málaga o Motril, es capaz de dotar de una mística especial a cualquier misterio.
El futuro se presenta luminoso para una banda que ha sabido transformar el esfuerzo de los ensayos en una calidad interpretativa incuestionable. Al final, el tiempo ha terminado dando la razón a quienes apostaron por la evolución y el sello personal. Granada vuelve a presumir de una formación que, desde la humildad de su barrio y la excelencia de su pentagrama, se ha erigido como un referente indiscutible del género. Cuando los ecos del Dulce Nombre aún resuenan en el imaginario colectivo, también suena el alma de una ciudad que, por fin, ha vuelto a reencontrarse una formación que lleva a gala su nombre allá donde va.





