Cada vez veo con mayor claridad que muchos de los que estamos en el mundo de las cofradías tenemos menos claro la idea del servir o servirse, cuando uno forma parte de una entidad pública, sin ánimo de lucro, ha de tener muy claro dos cosas, la primera, que se viene a servir, con todas las diversidades y trasfondo de la palabra, la segunda es que uno no puede servir a eternidad. Servir según la RAE es “estar al servicio de alguien”, o “Estar sujeto a alguien por cualquier motivo haciendo lo que él quiere o dispone”, y también “Aprovechar, valer, ser de utilidad”.
Pero cada vez me queda más claro que hay personas que llegan a las hermandades disfrazadas de servidores, cuando en realidad, lo que desean es servirse de ellas, y si lo miro desde la seriedad y de la madurez, creo que lo hacen de forma inconsciente, cuando no hay interés económico.
Cualquier personaje, de los que tienen una vida aciaga, vacía, de las de sin aspiraciones ni posibilidades, cuando llega a disponer de una hermandad cercana, empieza a llenar su vacía vida con la actividad cofrade, y no digo ya cuando disponga de un cargo dentro de la entidad, llegando a querer que toda su vida gire en torno a esta actividad y cargo, tanto es así, que su vida pasa a ser la propia hermandad, y por ello, a creer que la hermandad y sus servidores lo son suyos, y esto creedme es nefasto tanto para el individuo como para la entidad.
A las hermandades se ha de venir ya con una vida plena, o en proceso de plenitud, y con la única tarea de servir, de ser de utilidad, de valer, de saber hacer lo que se disponga, por eso cuando por la causa que fuere, se prescinda de sus servicios, pues también se ha de estar al servicio de la hermandad, siendo de utilidad el saber dar un paso atrás y dejar paso a quien llegue para servirla.
He presenciado muchísimas veces a personas que, pasado su periodo de validez, o de utilidad, no por cambiar la persona, más bien por cambios de tipo organizativo, por cambio de la línea a seguir, han sido apartadas de sus puestos, ya no digo de los que tenían algún cargo, y han pasado de forma inmediata a las más desatadas guerras contra todo lo que se mueva, y es lamentable, darse cuenta de que no disponen de vidas, o al menos de nada que llenen sus vidas, no tienen como meta el servir, solo la de servirse de la hermandad, y al perder lo único que poseen lo defienden como si de su propia vida se tratase, y es que es su vida lo que defienden, y yo los comprendo, pero estos no me sirven como ejemplos de cofrades.
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