Decía el presidente del Consejo de Hermandades y Cofradías, en un conocido programa radiofónico, donde es mimado por todos, que no le parecía bien que las hermandades utilizasen sus medios de comunicación oficiales para expresar el malestar en cuanto a los cambios de itinerarios. ¡Qué curioso! Quizá si expresasen su conformidad a bombo y platillo le sentaría a mil maravillas.
Pues mire usted, lleva ya unos cuantos años a las espaldas como para hacer un examen del legado que va a dejar cuando abandone San Gregorio y entonar el mea culpa en algunas actuaciones. Porque va a despedirse con menos aplausos de los esperados si tenemos en cuenta el sentir de algunas cofradías sobre los cambios que van a tener que realizar la próxima Semana Santa. O los no cambios, porque volver a mandar Las Siete Palabras por una avenida de sillas vacía o al Buen Fin repetir lo del año pasado, no es que haya sido un exhaustivo análisis donde se busque la mejora de su estación de penitencia. Es prácticamente repetir lo del año pasado.
Aquí el Miércoles tiene más problemas que el Martes Santo. Ya se nos queda en el olvido aquel Santo Martes, término que salió de una tertulia cofradiera y que algún periodista se adueñó para apuntarse un tanto. Ahora toda gira en torno al Miércoles y al Lunes. Por no hablar de la Madrugada, que no se toca porque adelantarla sería entrar en el terreno del Jueves, como si las cofradías de este día no invadieran la Madrugada entrando pasadas la una.
Ahora leemos que en 2025 los cambios serán por imposición si no se llega a buen término gracias a las hermandades. Resulta que no han tenido tiempo. Antes era la pandemia, después la post, más tarde llegaron las lluvias, y ahora habrá que esperar un año. No hay tiempo para nada, excepto para subir el precio de las sillas en la carrera oficial. Para eso siempre hay un preciado espacio en este ajetreado mundo cofradiero.





