Propiedad del autor, Mater Dolorosa fue realizada el pasado año en madera de cedro policromada al óleo. Según su autor, Juan Alberto Pérez Rojas, «partiendo de la tradición imaginera sevillana, el escultor toma referencias de uno de los mejores predecesores que cultivó esta iconografía de la Virgen en el siglo XX, el imaginero Sebastián Santos Rojas. Es así heredero a través de su maestro Juan Manuel Miñarro, y éste, a través del suyo, Francisco Buiza, por donde entronca con el buen hacer del escultor onubense». Añade además que la imagen presenta «un correcto modelado del óvalo facial que junto con la suavidad de las formas empleadas en los otros elementos anatómicos del rostro, otorgan a la imagen una serenidad y un dolor contenido en la línea que Pérez Rojas ha mostrado hasta ahora en su trayectoria mariana. Un estudio pormenorizado de la figura y de la psicología que se manifiesta en la serenidad e introspección de sus obras».
«El modelado de la boca y de la nariz muestra un dolor sereno, contenido a pesar de la dilatación de las aletas nasales. Los ojos son de cristal y contribuyen, con su realismo, a reforzar esa intención recogida en el conjunto por encima de particularidades. La anatomía de las manos, de gran delicadeza, tiene referencias del natural con una idealización propia de la iconografía clásica sevillana de la dolorosa», puntualiza.
Por último, en cuanto a la policromía, afirma que «es heredera de la tradición andaluza cultivada con éxito en esta tipología de imágenes de la Virgen. En agradables tonos rosados, emplea el bermellón para acentuar el dolor en los ojos y pómulos. El esmerado dibujo de las cejas, remarca la expresión dolorosa y serena de la obra que invita a una contemplación e introspección ante su presencia». La dolorosa, una de las obras que más ha llamado la atención de la muestra «Sevilla Fecit 21», mide un total de 170 cm.
Diez obras de «Sevilla Fecit 21»:
La última dolorosa de Salvador Madroñal
San Ginés, por José María Leal
Cristo de la Salud, por Fernando Aguado
Guion de la hermandad del Amor, por Francisco Carrera Iglesias













