Córdoba, ⭐ Portada

“Dije que la Paz iba a montar un circo en Semana Santa y, por desgracia, el tiempo ha terminado por darme la razón”

El pasado 28 de febrero, unas llamativas declaraciones de una hermana de la hermandad cordobesa de la Paz y Esperanza provocaron un auténtico revuelo y una oleada de reacciones encontradas. En mi condición de sevillano, les reconozco que no tenía el gusto de conocerla, ni a ella ni a los otros hermanos a quienes pude consultar, con los que me pusieron en contacto mis compañeros de Córdoba. Ahora, con la Semana Santa recién terminada, hemos entendido oportuno volver a testar su opinión sobre el modo en el que su hermandad la ha celebrado.

Como decíamos en febrero, María, que así hemos decidido llamarla habida cuenta de que ha pedido “no desvelar su nombre por miedo a represalias”, tiene décadas a sus espaldas formando parte de la nómina de la corporación capuchina. Bajo este prisma, hemos preguntado a María si leyó las reacciones que sus palabras propiciaron. “La verdad es que casi ninguna, no me suelo mover por redes sociales, aunque reconozco que alguna me enviaron. Me hizo gracia particularmente aquellas reacciones de quienes afirmaban que yo formaba parte de vuestro equipo y que aquella no era mi opinión sino la vuestra. Supongo que no hay más ciego que el que no quiere ver. Si te digo la verdad, ni siquiera soy lectora habitual vuestra. Ni vuestra ni de ningún otro diario. No tengo mucho tiempo para meterme en internet a leer noticias, la verdad. Me llamaste, me preguntaste y ya está. Me llama la atención que haya quienes sean incapaces de asumir las críticas, y menos viniendo de hermanos, pero, a estas alturas y después de lo que llevo viendo en los últimos años, ya no me sorprende”.

Sin mayores rodeos hemos consultado la visión de María a toro pasado y si seguía pensando lo mismo o se arrepentía de sus declaraciones. Al respecto, la hermana de la Paz y Esperanza ha sido muy clara: “Dije que la Paz iba a montar un circo en Semana Santa y, por desgracia, el tiempo ha terminado por darme la razón. Es verdad que no esperaba que se anunciase el estreno de una marcha y que ello provocase una concentración inaudita el Miércoles Santo. Pero, como leí el otro día no recuerdo dónde, si se pone miel lo normal es que los más golosos acudan a la llamada. Y así ocurrió. Afortunadamente no estaba por allí, jamás se me hubiese ocurrido. Pero sí tengo unos amigos que estaban haciendo cola con sus niños para entrar en el cocherón precisamente en esos momentos. Ellos no son muy cofrades y no tenían ni idea de lo que iba a suceder. Me contaron que lo pasaron realmente mal, miedo dijeron. Hasta el punto de que, realmente alterados, se marcharon del lugar sin entrar al cocherón. En, fin, incalificable. Es muy triste que mi hermandad haya sido noticia por un espectáculo que se podría haber evitado… la policía teniendo que desalojar la plaza… madre mía…”.

No obstante, María matiza que “bien organizado, yo no era contraria a una exposición. Pero no como se ha montado. En primer lugar, dejando a los titulares en el interior de la iglesia, que es donde debían estar. En un altar. Y luego, disponiendo la exposición, con los pasos montados si así se quería de modo que los espectadores pudieran haber visto perfectamente los pasos. Sabido que los del Cister no iban a usar su parte de cocherón, se podía haber pedido permiso a los capuchinos para utilizar el cocherón de la Paz y la parte de cocherón común, situando un paso en cada parte de cocherón, en el centro, y hacer un recorrido, en sentido único, para que los visitantes pudiesen haberlos rodeado y verlos con detalle, en lugar de colocar os pasos como siempre, siendo imposible verlos salvo por la parte delantera. Todo ello se podría haber complementado con una exposición de los atributos y enseres más representativos del cortejo, incluso sayas y mantos, con letreros explicativos. En mi opinión, sitio había para ello. Pero por supuesto, repito, con el Señor y la Virgen en el interior del convento. Una cosa es tenerlos en un cocherón unos días, porque hay que montar los pasos para salir a la calle y otra muy distinta, exponerlos como piezas de museo. Esta es mi opinión, vaya”.

Cuestionada finalmente, acerca de si se plantará en el próximo Cabildo de hermanos para dar allí su opinión, María es contundente: “¿Para qué? Los cabildos no sirven para nada. Primero porque lo que allí se dice, allí se queda. Nadie se entera de que hay más opiniones que la que procede del pensamiento único oficial. Por lo menos dándote a ti mi opinión, habrá muchos que comprendan que en la Paz no todos los hermanos estamos de acuerdo con lo que se está haciendo, por mucho que algunos repitan como papagayos que todos los hermanos pensamos lo mismo y estamos satisfechos con la gestión. ¿Tú crees que todos los hermanos estamos contentos viendo cómo se venden las velas rizadas o las de las tulipas del paso del Señor? Cuando era joven las pedías y te las daban. Y segundo, porque una junta de gobierno que se apoya en las cuadrillas costaleras tiene sencillísimo preparar un cabildo para que sea una balsa de aceite. Le basta con llenarlo de partidarios que aplaudan todo lo que desde el poder se diga y rechacen con vehemencia las opiniones en contra. Yo eso ya lo he vivido, y, te garantizo que tengo cosas más importantes que perder una mañana para que se metan conmigo por dar mi opinión. No, no pienso ir a ningún cabildo, no merece la pena”.

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