El álbum devocional que, no sin mimo y cariño, hemos logrado conservar hasta nuestros días, nos permite no solo contemplar a muchas de nuestras más queridas imágenes a través de los ojos del pasado, sino también comprender con mayor profundidad el fervor y la admiración que estas suscitaron, algunas para mantener su popularidad hasta nuestros días y otras para disiparse poco a poco hasta convertirse en un tímido recuerdo del que muchos desconocen su historia.
De acuerdo a esto último y entre todas las que cabría mencionar – y habiéndonos detenido en ellas en anteriores ocasiones – una olvidada devoción que nos conduce a situarnos en el Convento del Santo Ángel. Allí y desde tiempos pretéritos, se rendía culto a una imagen de tamaño académico de Cristo crucificado – al que podemos apreciar en la estampa anterior, con reflexiones espirituales impresas en el dorso y fechada en el año 1951 – conocido por la feligresía como el Santísimo Cristo del Perdón.
Esta pequeña y discreta talla llegó incluso a recibir cultos propios a pesar de que nunca contó con una cofradía constituida en torno a Él y que, por tanto, se responsabilizase d ello. No obstante, la veneración que el pueblo cordobés le profesó fue grande, pues al Cristo del Perdón acudían con frecuencia una gran cantidad de personas tanto para buscar sosiego rezando ante Él como para agradecerle los acontecimientos más felices que se iban sucediendo en sus vidas.
Aunque algunos lo desconozcan, lo cierto es que el Santísimo Cristo del Perdón estuvo hasta hace poco más de dos décadas en una hornacina ubicada junto a Nuestra Señora de la Paz y Esperanza. Sin embargo, la imagen acabaría por abandonar aquel privilegiado lugar para pasar a presidir una humilde capilla que fue acondicionada tomando para ello una antigua sala anexionada al susodicho templo.
Por el contrario, el tiempo sí que respetó infinitamente más a la fe de la sociedad cordobesa en relación con otras tallas y, como no podía ser de otro modo, ese fue el caso del grupo escultórico de mayor valor de toda la Semana Santa de Córdoba.
La añeja y respetada Hermandad de Nuestra Señora de las Angustias, por su parte, fue fundada en el Convento de San Agustín en el año de 1558, donde estuvo establecida durante algo más de cuatro siglos hasta que las circunstancias del hermoso templo obligó a la corporación del Jueves Santo a trasladarse a la Iglesia de San Pablo para seguir creciendo allí y perpetuando su envidiable historia.
Durante aquel extenso período en el corazón de San Agustín y a pesar de que la cofradía era considerada como una de las denominadas “de barrio” por motivos obvios, pudo incluso contar en su nómina de hermanos con reconocidos personajes de la más alta aristocracia.
Como ya contamos en numerosas publicaciones previas, aquellas remotas madrugadas del Viernes Santo marcaron la historia de la Hermandad de las Angustias y, lo habitual, es que la noche se alargase entre una lluvia de interminables saetas inspiradas por la dramática y conmovedora escena que en su día labrase el eterno Juan de Mesa, quien dejó a su Córdoba natal a Cristo muerto en los brazos de la Madre que, desolada, contempla el cuerpo sin vida de su Hijo.
El rostro del alabado y magnífico Cristo fue también el objetivo de una célebre estampa que todos hemos tenido la oportunidad de conocer y que, como la propia fotografía pone de manifiesto, fue impresa y distribuida con anterioridad al año de 1962, cuando la corporación aún no había abandonado el templo que fuera su cuna.





