Lo venimos repitiendo con cierta asiduidad en las últimas jornadas. Se multiplican sin descanso las maravillosas imágenes que dan cuenta y confirman que la Semana Santa, ese sueño materializado, cuya llegada el universo cofrade espera con fruición, se encuentra a la vuelta de la esquina y se puede ya palpar con la punta de los dedos. Imágenes como las que se han producido en el corazón de San Basilio, donde una hermandad de barrio con mayúsculas, descuenta las horas para que el Miércoles Santo florezca por los rincones de su universo inmediato.
Allí, su dulcísima dolorosa, Reina inequívoca de cada Luna de Nisan en el corazón de todos sus vecinos, los mismos que la buscan una tarde cualquiera para contarle muy bajito sus cosas cotidianas, ya se encuentra entronizada en el altar itinerante desde el que derramara el más bello de los presentes, a todo aquel que la busque para cruzar con Ella su mirada y alimentarse del Amor que solamente su esencia es capaz de derramar a cada paso por las aceras.
Ataviada magistralmente una vez más por ese artista con mayúsculas, ese genio del arte efímero de vestir a la Virgen que tenemos la fortuna de disfrutar en la tierra en San Rafael, Manuel Jiménez, la Madre del Nazareno del Alcázar Viejo luce maravillosa esperando al instante en que las manecillas del reloj se conjuren para determinar que ha llegado la hora inabarcable de que sus costaleros acaricien las piedras de su barrio camino de la Santa Iglesia Catedral.
«Dulcísima Madre mía, quiero arder en vuestro Amor». No hay mejor forma de expresar el sentimiento a flor de piel ante la presencia de la Madre de Dios. Un sentimiento que el propio Jiménez ha querido subrayar y que nos habla de esta relación íntima y trascendental que solamente es capaz de comprender en toda su dimensión, quien tiene el infinito privilegio de rozarla con los dedos para potenciar su belleza, regalando al universo una nueva y sublime creación cuyo objetivo, jamás lo olviden, no es otro que servir de cauce para convocar a la oración.
Para lucir espectacular el próximo Miércoles Santo, María Santísima del Amor lleva un magnífico encaje de Bruselas del siglo XIX, con aplicación de punto de aguja al igual que el pañuelo que porta en sus manos, una pieza de 10 metros adquirida por las camareras de la Virgen dispuesto de manera excepcional. Lleva además la saya burdeos y la toca sobre manto, ambas piezas realizadas por Mercedes Castro, y el puñal diseñado y ejecutado por Manuel Valera. Y en sus sienes, la magnífica corona de Seco Velasco. Condicionantes todos ellos que vuelven a poner de manifiesto, de la mano de Jiménez y en virtud del gran equipo que el hermano mayor de la hermandad, Manuel Díaz, ha ido concretando en la corporación, que estamos ante una hermandad que está experimentando una auténtica revolución, que se subraya en múltiples detalles, que volverán a lucir con fuerza en torno a la Madre de Jesús de la Pasión.





