Eduardo Dávila Miura renuncia a la candidatura a hermano mayor de la Macarena y carga contra la gestión de la fallida restauración

El exteniente de hermano mayor de la Hermandad de la Macarena, Eduardo Dávila Miura, ha confirmado públicamente que no concurrirá a las elecciones previstas para el próximo mes de noviembre. La decisión, según explicó en declaraciones a la Cadena Ser, está directamente vinculada a la crisis generada por la frustrada intervención de Enrique Arquillo en el rostro de la Virgen de la Esperanza.

«Yo presenté mi dimisión y retiré mi candidatura a hermano mayor porque entendí que daba tranquilidad y nos obligaba a centrarse en los que realmente había que centrarse, que es la Virgen», afirmó el también exmatador de toros. Cuestionado sobre si se trataba de una decisión definitiva, fue tajante: «Por encima de la Virgen no hay nada ni debe haber nada».

El que fuera número dos de la corporación de la Madrugada subrayó que su renuncia a liderar un nuevo proyecto responde a una cuestión de conciencia. «En la decisión mía de dimitir como teniente de hermano mayor de la Macarena va unida mi decisión de retirar mi candidatura a hermano mayor, porque… entiendo que no tengo crédito ninguno para presentarme como hermano mayor cuando, siendo teniente de hermano mayor, nos ha pasado lo que nos ha pasado. No somos culpables, pero, igual que estamos ahí para lo bueno, lo estamos para lo malo».

En ese sentido, no ocultó su pesar por no haber estado presente el día en que la Virgen fue repuesta al culto: «Para mí es imperdonable que el día que la Virgen se repuso al culto no estuviera allí en la Basílica». Respecto a la inminente intervención que acometerá Pedro Manzano, Dávila Miura se mostró esperanzado: «Confío en que la restauración ahora de la Virgen de la Esperanza sea el principio del fin de esta pesadilla que nos ha tocado vivir».

Críticas internas y autocrítica

El exteniente de hermano mayor también dejó entrever divisiones internas en la junta de gobierno durante los momentos más delicados de la crisis. «Había gente que pensaba más en noviembre que en la Virgen», lamentó. Asimismo, defendió que su dimisión fue por «el bien de la hermandad» y porque en aquel momento «era necesario».

Sobre la toma de decisiones en las primeras horas tras conocerse el alcance del daño, reconoció que «todos estuvimos bajo estado de shock» y que «era muy difícil tomar decisiones». No obstante, defendió que la situación mejoró «cuando fuimos con la Virgen al IAPH» y «cuando estamos con Pedro Manzano y la Virgen». En un mensaje de optimismo, concluyó: «No hay mal que por bien no venga, todos los estudios de la Virgen serán un bien de futuro que tiene un peaje muy caro para los macarenos».

El desgaste en la dirección

Preguntado por la labor del hermano mayor, José Antonio Fernández Cabrero, en los días más críticos, Dávila Miura señaló que «ocho años de hermano mayor desgastan mucho» y que «todos debemos asumir nuestra responsabilidad». A su juicio, «culpable no es ni Arquillo ni es nadie, y el error humano existe». Sin embargo, recalcó que en su caso «me parecía un error que el día que la Virgen va a volver, no estuviera esa noche en Sevilla».

Finalmente, insistió en que su renuncia buscaba «dar tranquilidad para que nos centrásemos en lo importante, que es la Virgen», remarcando que su única prioridad es la recuperación plena de la talla y la unidad de la corporación.